Avaricia

José Ángel Lucena Gómez

Llévate la cámara al suelo. Si así, a ras. Quiero la visión de un niño descubriendo el mundo. Sobre la moqueta ha de verse la pelusa, los restos de comida. Yo empujo la puerta suavemente. No cierres el diafragma de inmediato, quiero que deslumbre. Quiero que sea lo más real posible. Cuando entremos girarás a la derecha, es la cocina. Hemos vertido algún líquido. Ten cuidado no vayas a estropear el equipo. Recorre la encimera sobre la superficie mugrienta, apartaremos las botellas vacías, los retos de comida putrefacta con el objetivo, debe oírse el reptar de los gusanos y el tamborileo de las patitas de las cucarachas sobre las bolsas de plástico deformadas por el estado de la comida que guarda. El frigorífico estará abierto y apagado. Un hilo oscuro, cenagoso corre por el fondo del aparato. Acércate mucho. Quiero que sea sofocante. En ese momento levantas cámara y la luz que entre por la persiana rota dará un plano general desolador. Salimos al pasillo. Siempre a ras del suelo. Hay algunos insectos acumulados en el recorrido. ¿No serás escrupuloso? ¡¡¡ El cine no permite que haya operadores de cámara escrupulosos!!!. Aproximadamente a la mitad del pasillo sube por encima de las bolsas de basura. Verás Periódicos antiguos, restos de juguetes sucios, lámparas rotas, pantallas de televisión de tubo, restos de tablas, bicicletas oxidadas, botellas vacías, collares de plástico. La casa está saturada y a oscuras. Necesito grano grueso, poco definido. ¡¡¡No hay espacio para el oxígeno en la imagen!!!
Ya me habían dicho que Arturo Marchena era un director crudo en su visión. – Si te mete dos ostias y te dice que si el operador está cabreado la imagen crepitará, no te extrañes.
Ahora vamos al salón. Así, a oscuras. Es el clímax. Espera… yo corro las cortinas. – La luz lamio repentinamente los costados de los muebles, el borde de los platos sucios, el lomo desgarbado y erizado de la rata de attrezzo proyectando su sombra sobre el mantel; desnudó un cuarto atestado de cachivaches de todo tipo y perfiló la butaca que ocupaba el centro de la estancia. Estaba de espaldas y rodeada por seis torsos de maniquí coronados con pelucas. De repente una figura enfundada en una bata se levantó con un gran frasco de cristal lleno de ojos de muñeca. ¡¡¡ Marchaos no tenéis ningún derecho a invadir mi casa!!!- El grito quedó atrapado entre los enseres acumulados y casi de inmediato, una carcajada descarnada, me heló la sangre.
– Luís, tranquilo – Arturo me golpeaba la espalda amistosamente- Es Clara, nuestra actriz. Quería ponerte en situación. – Me dijo guiñándome el ojo izquierdo.
Suspiré intentado recomponer mi ánimo – ¿De qué va la película? – Y el director casi con desprecio, con el gesto extrañado, dijo- de la avaricia. ¿De qué si no? ¿No es obvio?.

 

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