Dos personas se matan por una moneda

Relato de Macarena

 

Esta es la historia de una moneda, testigo de crímenes atroces cometidos en su nombre y de otras estupideces menos dignas de ser contadas. Todo comenzó cuando la moneda decidió saltar del bolsillo de un transeúnte y tirarse a descansar en la vereda. El peatón siguió caminando tan campante como si nada, ignorando que a partir de ese entonces era levemente más pobre o menos rico. Pero poco le importó esto a la moneda, que sólo quería sentirse libre de todo intercambio por un instante. Sobre una baldosa gris rodó con desparpajo y se dejó caer como si tal cosa sobre su cara, dejando a plena vista de quien pasara por allí su escaso valor.

Quiso el destino que dos personas de sexo indefinido (la moneda no reparó en este detalle), se acercaran al lugar casi al unísono. El sol del mediodía la dejó completamente al descubierto. Los dos sujetos se arrojaron al suelo para hacerse de la pequeña fortuna. Pero como fortuna no es sinónimo de suerte sino más bien de riqueza, el golpe que se dieron fue tremendo al chocar en el transcurso de tan arriesgada empresa. Un poco mareados por el cocazo se miraron a los ojos, o al menos intentaron hacer foco el uno en el rostro del otro. A ninguno le pareció que su contrincante estuviera peor vestido o más necesitado como para ceder en su lucha.

El descanso de la moneda había sido perturbado sin remedio. En vano intentó la pobre girar sobre su eje, rodar hacia la alcantarilla más cercana y desaparecer. En la segunda arremetida uno de los gladiadores pudo alcanzarla, pero con una velocidad de leopardo el otro le mordió la mano y la moneda, ahora sí, cayó y rodó unas baldosas más allá. Entonces quedó de espaldas, tendida sobre su valor con la cara al cielo. Pero la batalla ya era inevitable. Se había violado un principio casi sagrado: no puede haber dinero que no sea de nadie.

El hecho de pretender circular libremente fuera de los bolsillos de la gente fue un acto de rebeldía por parte de la moneda. Las consecuencias estaban a la vista. Los dos transeúntes seguían luchando. Habían olvidado a la moneda por completo. En el fragor de la batalla otras monedas saltaron al vacío desde los bolsillos, impulsadas por el ir y venir de los cuerpos.

También saltaron billetes cheques y celulares. Las dos personas, indiferentes de lo que estaban perdiendo en su contienda, lucharon hasta caer sin vida. Uno quedó tendido con su cara mirando al suelo, el otro sobre su cruz. Lo objetos permanecieron atónitos sobre la vereda al rayo del sol.

Entrada originalmente publicada en http://piresmios.blogspot.com.uy/2008/05/dos-personas-se-matan-por-una-moneda.html

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