Soliloquios y mandalas

Raúl Leiva nos eleva a categoría de dioses y nos permite ver ambas caras de la moneda

 

 

“Nada ni nadie va a ponerse nunca en mi camino. Esta máxima fue la que me llevó al éxito y la repito como un mantra cada mañana. Los negocios son las aguas donde navego y ser despiadado es la clave para estar siempre en la cima. Nunca tuve lástima por nadie, ni siquiera por ese sindicalista Antonio Agazzi que me enfrentó durante tres meses, paralizando la planta y poniendo a los obreros en mi contra. Me partió el corazón ver como Lucía su mujer y su hija Marina lo abrazaban mientras le daba un infarto luego que los obreros firmaran un petitorio para volver a trabajar por la mitad del sueldo que tenían. Tuve que ser duro por ellos, por los obreros digo. Nunca voy a olvidar la mirada de Marina. -Va a salir adelante-, me dije, -es fuerte esa chica-. Los años pasaron y los negocios crecieron más allá de mis expectativas y el mundo se me abría como una hembra en celo. Nada ni nadie va a ponerse en mi camino, nunca. Ni la muerte. -El dinero no compra salud-, me decía mi fiel gerente Palazzolo. No dudé en despedirlo como a un perro. ¿Cómo se atrevía a cuestionarme? Idiota perdedor. El mundo se caía por la crisis del treinta y sin embargo mis empresas cobraban más prestigio, estaba equilibrando el mundo y nadie me lo agradeció nunca. Hace unos días se puso todo oscuro, se apagaron los sonidos y el mundo se paró. Sentí gritos y puertas que se cerraban y abrían pero mi cuerpo no obedecía. ¿Era tal vez la hora de ver cómo se arreglarían sin mí? Tal vez. Y cuando volvió la calma y todo fue orden, mis puños se cerraron y me reí a carcajadas. Como un loco. Mis ojos se abrieron y estaba insoportablemente lúcido. Los pensamientos más feroces acudían a mí como lobos en la oscuridad. La adrenalina podía olerse en el recinto y me sentí más vivo que nunca. Había vencido a la mismísima muerte.”

Diez años después, una eminencia de la medicina lo examinaba exhaustivamente. Tomó una serie de anotaciones en su parte diario, en un vano intento lo miró a los ojos pero él no le devolvió la mirada. El diagnóstico fue concluyente: Catalepsia firmaba la doctora Marina Agazzi en la tarjeta que colgaba del pulgar del empresario.

silla

Anuncios

Un comentario sobre “Soliloquios y mandalas

Agrega el tuyo

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

Crea un sitio web o blog en WordPress.com

Subir ↑

A %d blogueros les gusta esto: