Hernián

“Hernián”, por Javier Gómez Ruiz en la semana de recreo.

En el universo de las palabras, un escritor decidió un día hacerse con todas. Para llevar a cabo tan maléfico plan, las fue llamando una por una -sabedor de sus deseos y debilidades-; a los colores les dio sabor y se empacharon de si mismos. A los objetos les insufló alma y como gases, subieron al cielo. A las ideas les quitó las alas, las desplumó y las hizo divertidas, tanto, que dejaron de importar.

De forma paulatina, todos los habitantes de este universo aprendieron el nuevo orden. Eran incapaces de tratar las palabras como el escritor hacía, pero confiaban en el buen recaudo.

Un buen día el escritor se fue y todos los vecinos quedaron consternados. El panorama era desolador; las palabras no obedecían y la comunicación estaba en serio riesgo. Sólo tres ideas –por su pureza- permanecieron fieles. Armados con ellas y desesperados, definieron una comitiva y se acercaron a parlamentar:

Los colores, entre vómitos y diarreas, fueron sólidos en sus protestas hasta que los negociadores usaron una “máxima” que resonó con voz rotunda: “Quien se va sin que le echen, vuelve sin que le llamen”… Impresionados por la sentencia, los rebeldes hablaron entre si y todo quedó en servicios mínimos de grises. Menos era nada.
A continuación, los objetos objetaron mil razones para no bajar, emocionales todas. Un “aforismo” aludió entonces al miedo: “Una palabra sola no es nada”…Por si acaso y a regañadientes, los amotinados permitieron que un ajuar básico bajase.
Las ideas, refugiadas en el absurdo, se fingían muertas. El “axioma” exhibió entonces su profundidad y alcance: “Es imposible no comunicarse”….Como polluelos, varios gérmenes asomaron curiosos y comenzaron a seguirle.

Con tan sencillos mimbres, la comunidad fue construyendo un nuevo lenguaje, básico al principio, pero que se fue contagiando de unas palabras a otras. Los colores salieron del trance absurdo y comenzaron a pintar como sabían. Los objetos comprendieron que la belleza también está en el exterior y que es bueno sustentar de todo. Las ideas recordaron la tenue línea que separa genialidad de locura y volvieron a surcar el aire; todo comenzaba a ir bien.

El escritor y su virtud quedaron casi en el olvido, como un sueño.
Hasta que un día apareció una silueta recortada en el horizonte, trayendo bajo el brazo un libro, quizás una novela…

Pero esa es otra historia.

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Un comentario sobre “Hernián

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  1. Por que permiten a este tipo seguir haciendo el ridiculo?, encima parece que se rie de todo, no me gusto el tono condescendiente en las palabras. ¿quien se cree que es?..

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