La Navidad de los Muñecos

Este relato fue publicado originalmente en :
http://piresmios.blogspot.com.uy/2011/12/la-navidad-de-los-munecos.html

Cuando era una niña adoraba la Navidad, ignoro por qué. Mi madre sacaba el árbol de su exilio. Durante once meses permanecía dormido en algún placard del coqueto apartamento interno de la calle Aranguren. Con cuidado desenvolvíamos los adornos de cristal, no sin lamentar cada tanto alguna que otra baja. De las cuatro mujeres que habitaban la casa, yo era la menor y la más entusiasta. Me gustaba fabricar decorados navideños con mis propias manos. Mi especialidad eran los ángeles de cartulina y las guirnaldas verdes de papel crepé.
El edificio estaba lleno de viejos. Los pocos niños que habían quedado ahí atrapados en su mayoría pertenecían a ese lugar: eran grises y bastante maleducados. En aquel entonces Papá Noel no era tan popular como lo es ahora, o tal vez sí. No recuerdo creer ni dejar de creer en nada. La única chimenea que tenía el edificio de Buenos Aires donde yo vivía era la del incinerador de basura, que más tarde se prohibió. La estufa era falsa, funcionaba a gas. Pero de alguna forma la fantasía tenía lugar.
Todas mis energías estaban puestas en compensar el poco ánimo festivo que reinaba en la familia. Y a falta de parentela, me refugiaba en un invento que me mantenía ocupada hasta que llegaba la nochebuena: organizar “la Navidad de los muñecos”. No me da vergüenza admitirlo. Irónicamente yo armaba una Navidad paralela con los juguetes que habían sido, muchos de ellos, regalos de años anteriores. Dotados ya de un alma, se merecían su propio festejo. Eran el complemento perfecto para una niña con más imaginación que familiares vivos.
Ellos tenían un árbol de cartón decorado con brillantina. La sede del festejo era lo que se conoce habitualmente como “hall de distribución”, un pasillo oscuro donde confluían las puertas de los cuartos, el baño y una suerte de closet guarda todo. Varios días antes me había ocupado de envolver autitos y chucherías varias con papeles usados y moños improvisados. Estaba tan, pero tan ocupada en las necesidades de mis amigos de piel de sol, que apenas tenía tiempo de pensar en mis propios regalos.
Lo más complicado era dividirme la nochebuena entre las dos fiestas. Una era la que era, había ausencias difíciles de remediar, pero mi madre siempre fue una especialista en conservar la dignidad. La otra era la que deseaba yo que fuera: concurrida, solidaria, alternativa e irreal.
Mi hermana mayor se esforzaba por sembrar en mí la curiosidad inventando toda clase de fábulas sobre el contenido de mis paquetes. Pero para mí siempre estaba bien. Sabía que en casa se regalaba una mezcla de lo que se podía y lo que se quería con muchísimo sacrificio. Jamás me sentí defraudada. En general recibía un nuevo amigo para la próxima “navidad de los muñecos” ¿Qué más podía pedir?
Y al llegar la hora cero todos abríamos los regalos, los adquiridos en el mercado de los adultos y los rebuscados en mi bolsa de cachivaches mágicos.
No tengo reproches con esas navidades, porque sembraron en mí el anhelo de formar una gran familia. Quizás por eso no me preocupa tanto qué poner debajo del pino enchirimbolado mientras la mesa esté bien concurrida. Mi carta a Papá Noel hoy diría algo así: querido ex empleado de la Coca Cola Company, por favor, no más sillas vacías.

 

navidadmaca

Anuncios

Un comentario sobre “La Navidad de los Muñecos

Agrega el tuyo

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

Crea un sitio web o blog en WordPress.com

Subir ↑

A %d blogueros les gusta esto: