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31 de Diciembre. 10 bajo cero. Día de reuniones regalo de mi jefe. Odio el frío. Me encanta la nieve, pero no con tacones de aguja y traje de ejecutiva. Llegar al aeropuerto, lo demás ahora mismo me importa bien poco.
Vuelo FU471 Vilna- Barcelona 18:30. Cancelado por causas meteorológicas.

Cena en un coqueto restaurante cercano al hotel. Grupos de personas celebrando el fin de año por adelantado, si fuera Barcelona nos envolvería un ruido ambiental insoportable para mí estado. Pero Europa Central es otra cosa. Soy la única cenando sola. Una ensalada, un pescado ligero y un buen vino. Necesito cierto estado de embriaguez para poder descansar. Entre plato y plato descubro unas mesas más allá, al fondo, a otro solitario. En principio no le presto mayor atención, pero por un instante mi mirada vuelve a descansar sobre él. Lee, no sólo lee, lee un libro. ¡En papel!.
Lo observó entonces. Mano anchas, uñas cuidadas. Es un hombre grande, se intuye un torso atlético bajo su jersey de punto y cuello vuelto. Sumergido en su lectura me ofrece un perfil que me resulta atractivo. No es guapo pero tiene ese algo que siempre me gustó en un hombre. Una masculinidad imprecisa, indefinida.
Haciendo un gesto leve y elegante al camarero pide su cuenta y me ofrece su rostro. Confirmado, me gusta. Frente amplia, entradas de hombre maduro, ojos pequeños y mirada inteligente. Nariz grande y proporcionada, labios carnosos y mandíbula ancha. Llega mi pescado y salgo de mi pequeña crisis de vouyer.
La comida es magnífica. Hace 30 horas que no como decentemente. Entre bocado y bocado don Atractivo pasa junto mi hacia la salida. Andar lento de paso firme. Erguido, y esa forma de moverse que aporta la seguridad en uno mismo. Desaparece entre la oscuridad tras los cristales. Yo vuelvo a mi pescado, está exquisito.
Pero Don reaparece de la oscuridad. Esta vez de frente. Instintivamente suelto los cubiertos, alzo los hombros, espalda erguida, y ese gesto incontrolable desde la adolescencia cuando un hombre me gusta. Mi dedo índice se enreda en un mechón de mi pelo que se escapa de la improvisada coleta informal. Juego con él haciendo una especie de tirabuzón. Sin duda ha olvidado algo. ¡Horror!, viene directo hacia mi. Trago en seco y le miró directamente, me gustan aún más sus ojos marrones. Dibuja una insinuación de sonrisa, amable y picara a la vez.
– Hola soy Algred- habla un inglés impecable- parece usted necesitar compañía. Tiene unos hermosos ojos pero teñidos de tristeza.
– Casi acierta, pero es enfado. En lo de la compañía ha dado en el clavo, me llamo Elena
Es un gran conversador. Me hace sentir cómoda. Hablamos y hablamos. Parece un conocido de años. Vino, café, copa. Algunas risas, coquetería masculina contenida por su parte, todos los recursos de seducción por la mía. Intento controlarlo, pero la segunda copa me desarma. Hago un despliegue de todas mis armas de mujer joven pero madura.
Me acompaña hasta el hotel. En la puerta un beso en la mejilla. Intencionadamente prolongado rozando la comisura de mis labios.
Las doce menos cuarto.¡Ven!- le digo cogiéndole de la mano. Lo arrastró hasta mi habitación mientras le explicó la tradición española para las campanadas. Recuerdo uvas en la bandeja de cortesía del hotel.
Llegamos justo a tiempo para repartirlas. La cubitera hará de campana.
Dong
Risas sinceras y nerviosas miradas.
Dong
Nos damos respectivamente las uvas con un roce voluntariamente alargado de los respectivos labios.
Dong
Su amplia mano se posa sobre el lateral de mi rostro, y desde ahí se desliza acariciando con el dorso de los dedos el perfil de mi cuerpo. Me excito.
Dong
Apoyo mis manos sobre su torso. Desabrocho sin premura los botones de su camisa. Siento su respiración profunda. Al asir su cintura le acercó aún más a mí. Esta excitado, lo sé por como muerde suavemente su labio inferior. Y físicamente lo noto al contacto con su pelvis.
Dong
Se decide con mi vestido. Desliza suavemente la cremallera. Posa sus manos en mi cuello y las desliza hacia los lados acariciándome hasta los hombros. El caer del vestido me parece eterno como si fuera una pluma.
Dong
Una mirada sostenida, profunda, limpia, llena de deseo. Nos sobran las palabras. Sincronización.
Dong
Me encargo de sus pantalones. Fuera cinturón , despacio, disfruto cada centímetro de cuero.
Dong
La misma mirada, repetida. Cada uno nos ocupamos de la propia ropa interior.
Dong
Frente a frente, desnudos. Dos cuerpos mostrando sin pudor los signos físicos de su excitación, su deseo.
Dong
Entregada de antemano. Me gira de forma firme. Me abraza desde atrás y siento su aliento primero y sus labios después en mi nuca
Dong
Deslizó mis brazos hacia atrás. Acarició su abdomen, su pubis, sus muslos.
Dong
Dos cuerpos desnudos enredados prueban el tacto de las sábanas.
Dong…

 

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