Condenados

 

En mil novecientos setenta y seis, Jonh Martin Jonson era el principal sospechoso del asesinato de Jacky Madison, una joven de dieciséis años, encontrada en el rio de la pequeña ciudad de Southbridge, Massachusetts.
El cuerpo de Jacky presentaba una grave lesión craneal. No había huellas del agresor.  La investigación se centró en Jonh por tres razones: En su patio se había encontrado un suéter de la víctima, manchado con sangre. En la habitación de Jacky se había encontrado una vieja edición de “Por quién doblan las campanas” con una dedicatoria de Jonh que decía “Deja volar tu mente y tu alma volará sin esfuerzos”. La tercera razón era la vida ermitaña de Jonh. A sus cincuenta y siete años no se le había conocido una mujer. Era un hombre amable, pero no tenia trato con nadie. Era muy querido por el dueño de la casas de electrodomésticos donde trabajaba, pero tampoco él sabía mucho de la vida de Jonh. Con la única persona que mantenía conversaciones más o menos extensas, era con Jacky, su joven vecina de toda la vida y nadie le había causado resquemor hasta el día que el cuerpo fue encontrado.
No hubo pruebas suficientes para llevarlo a juicio. Pero en un pueblo pequeño todos condenaron a Jonh. Los padres de la víctima (o sea sus vecinos) le gritaban cosas horribles cada vez que lo veían. Todo el pueblo dejo de hablarle. Su jefe debió despedirlo. Ya nadie le compraba electrodomésticos.
Dos meses más tarde el cuerpo de Jonh fue encontrado sin vida. El hombre encendió su auto en el garaje y se fue quedando dormido hasta morir.
Dejó una carta que decía: “Necesitaban un culpable. No les interesa la verdad, necesitan un condenado. Pues: acá lo tienen”.
Seis meses más tarde, en una noche de borrachera, el novio de Jacky contó que, tras una discusión, empujo a Jacky y ella golpeo contra el cordón y murió al instante. Darren (así se llama el joven) todavía está en prisión.
En Southbridge no se habló más del asunto. Cuando alguien menciona el caso se dice “Maldito John, se debe estar pudriendo en el infierno”. Southbridge condenó a Jonh. Pero Jonh condenó al pueblo a una culpa que jamás pudieron reconocer.

por-quien

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