SIN REMITENTE

 

Está dentro de mis cálculos que usted se sorprenda al recibir esta carta. Acomódese. Necesitará una taza de té caliente y paciencia para oír lo que tengo que contarle. Primero me presentaré soy su íntimo yo. Sí como oye, soy su íntimo yo. Ando algún tiempo dándole vueltas a esto de ponerle claro por fin lo que necesito. Sinceramente creo que anda perdido. Un segundo, nos conocemos bien y ya está empezando a negar mi afirmación, pues sabe lo que le digo: Que tengo razón porque se lo digo yo, vaya… usted mismo. Lo primero que quiero decirle es que acumular objetos lo hará más rico, pero nunca más feliz. Le sugiero que vacíe su universo tecnológico, últimamente anda en expansión y sin visos de terminar su tendencia lenta pero segura a ocuparlo todo. Salga más y, sobre todo, hágalo sin teléfono. El mundo no se parará seguirá esperándolo cuando de nuevo se asome a esa pequeña y ridícula ventanita. Procure hablar, es más saludable que enviar mensajes. Las redes están bien y el uso que haga de ellas puede reportarle grandes satisfacciones, pero el mejor paisaje soy yo. ¿Se ríe? Lo entiendo, ríase, yo también reiré. Necesito que se llene de aire fresco, de armonías que fluyan como ríos, al compás sonoro de algún pensamiento o como una batuta invisible que organice los pensamientos. ¿Con quién pasa más tiempo? Conmigo, ¿no es cierto? No temerá estar a solas si yo estoy atendido. Quiero palabras que me alienten y risa que me transporte lejos del pesar. ¿Sabe? Tiene que aprender a perdonarse. El hombre ha inventado muchas palabras vacías que pesan como cadenas; la primera, la perfección, puedo garantizarle que no existe. ¿Otra vez vuelve con esa cara de bobo? ¿Recuerda cuando conoció a Sofía?, llovía y resbaló en el charco. Barro y vergüenza y un sol abrasador, el de la risa incontenida de ella. Se acercó balbuceante. El antihombre. Hace ya 6 años que comparten los días. Nada más lejos de la perfección; ¿no cree? Aprenda a perdonarse, aprenda a ser usted, a definirse, a defender sus ideales, a bracear en sus sueños. Dormirá mejor. Vivirá mejor. Elija su tabla de valores, desafíe lo establecido y brame contraviento. Pocas sensaciones igualan a la espuma del mar golpeando el rostro en los días de tormenta.
No se le ocurra taparme la boca, ¿no entiende que no tengo? Hablaré sin parar, me lamentaré en el trasiego inquieto y molesto de sus pasillos. Si usted es cárcel para mí, lo será para usted también. No hay peor resaca que la de la conciencia. Algunas veces sé que le hablo con voz de niño pero aquí adentro, amigo, el tiempo no pasa de igual manera y puedo ser muchos y necesito ser muchos para ser completo.
¿Y que me dice de la libertad? ¿Cree de verdad que puede dejar de ser libre? ¿Puede dejar de ser hombre o terrestre? No se ofenda pero usted viene libre de serie, usted elige llenar esa mochila invisible que transporto, para mi desdicha, y que va llenando de culpa y amargura. No puede escapar de su libertad pero por favor… empléela bien. Se lo ruego.
¿Sorprendido? Debe pensar que las cosas han de estar muy mal para que sea yo quién le escriba. Cierto, últimamente siento como si fuese descalzo sobre espinos. Podó mi jardín en lo crudo del invierno y los frutos no nacen. Vertió el poso cenagoso de su culpa en mi rio. Arden hogueras en el yermo en donde vivo y pocas son las oportunidades que tengo de ver el sol. Creo que usted no es consciente del poder que tiene. ¿Sabe que con sólo pensarlo puede hacer crecer un árbol a mi lado? ¿Qué con un gesto de su mano los océanos que hoy me zarandean serán calma y recreo? ¿Sabe que con un chasquido de sus dedos sanara mi tormento? Está empeñado en seguir las normas y quizás los caminos no existan. Haga de su cuerpo su templo, sagrado y confortable, de mirada amable, impenetrable a la traición que se autoinflige. Restañe sus heridas como la planta, con su propia sabia. No aspire a ser más que hombre, que animal racional. Limitado. Fugaz. Respire generoso. Destierre la sombra que todo perturba. Ha llegado el momento de renacer, de liberarse de ese antiguo corsé que lo oprime. Ha llegado la hora de ser feliz.

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