Las puertas abiertas de América Latina

Una asociación fácil, indica que el conocimiento y la voluntad abren puertas como un sinónimo de allanar caminos para poder llegar sanos y cómodos a destinos. El sabio puede escoger con acierto una puerta basándose en su conocimiento, experiencia e intuición, pero nunca va a estar seguro qué puede salir del otro lado ni cuantos van a cruzar atrás de él.

 

Hace treinta y tantos años, Hugo Saccoccia, un abogado nacido en Rawson, comenzó una tarea imposible: Formar una biblioteca teatral en un lugar recóndito de la Argentina que abastezca sin costo alguno a los grupos de teatro independiente del país. La batalla estaba perdida mucho antes de empezarla. La geografía no lo ayudaba demasiado. Zapala era más un paraje desolado que un polo cultural. La economía y la proximidad hubieran desanimado a cualquier mortal, pero el cabezadura de Hugo puso peso sobre peso de su bolsillo para comprar, pedir, canjear cada obra de teatro escrita que pasara frente a su cara. Propuso un sistema un poco precario de comunicación, cartas escritas de puño y letra. Quien necesitara una obra, era necesario que escriba unas lineas a pulso contando quién era, a qué grupo pertenecía, de dónde era oriundo y finalmente qué obra o tipo de obra necesitaba. El intercambio era tremendo, por una obra fotocopiada que Hugo enviaba sin costo, ingresaba una serie de datos de un grupo de teatro independiente formando así la mayor base de datos existente de grupos de Argentina. Era mucha tarea, eran muchas cartas por abrir, y eran muchas las puertas que había que golpear para obtener un dinero, una ayuda o manos para mantener viva la Biblioteca Hueney.  La tarea comenzó a dar sus frutos, un centenar de grupos tenían suficiente material para montar sus obras donde quiera que se encuentren, pero una necesidad golpeó su cabeza: no había nuevos autores de teatro de humor. Así que se empeñó entero y convocó a un concurso de obras de teatro de humor inéditas. Convocó prestigiosos jurados y cientos de dramaturgos enviaron sus trabajos. El resultado fue un libro que reunía tres obras originales , inéditas, finamente seleccionadas por gente muy entendida en el tema que sería distribuido gratuitamente entre los grupos del país o de quien lo solicitase. Los grupos de teatro, los dramaturgos y los lectores tenían la puertas abiertas para jugar, escribir, actuar y todo lo que hace bien al alma.

Esta tarea titánica siguió creciendo con los años, convocando, editando, difundiendo, “acercando al país extendiendo los brazos” decía el slogan de la biblioteca.

Una mañana del año 2011, a los 61 años, Hugo muere dejando un legado increíble: Si uno se lo  propone, todo es posible.

Muchos fueron los mensajes en los muros de facebook, mucho homenaje, muchas lágrimas fueron vertidas pero sobre todo muchas dudas acerca de cómo y quién iba a seguir con la tarea de Hugo.

Tironearon los locales de un lado y los prestigiosos del otro, los emotivos y los que tenían los medios, y finalmente ganaron los que desgastaron la voluntad de a poco, poniendo palos en las ruedas, sembrando dudas, mezquinando ganas.

Un día fueron por los libros, otro día por las estanterías, otro día por la computadora y los textos digitalizados.

Hace unos días estuve en Zapala de visita y fui a lo que era la casa de Hugo. En una esquina estaba una estantería de madera y un mueble de chapa con biblioratos.  Los revisé y estaban las correspondencias, las obras inéditas de los autores de puño y letra, obras originales jamás editadas y sobre todo los archivos en papel de cada grupo de teatro y cada carta por duplicado que recibía Hugo.

Los mezquinos se llevaron el cartón caro, el que decora estanterías, en la casa de Hugo todavía está el alma, la historia de la mayor biblioteca teatral jamás concebida, La Biblioteca Hueney.

Las puertas nunca se cierran del todo cuando algo de la voluntad, la fuerza o la magia sigue viviendo.

Ojalá alguien se de cuenta a tiempo.

Hugo en algún lado se está riendo de todo esto.

O no….

 

 

puertas

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4 comentarios sobre “Las puertas abiertas de América Latina

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  1. Maravillosa la vida de este señor. Alguien que se va habiendo mejorado la de los demás, es alguien muy necesario. Estos héroes hacen falta, porque son espejos donde mirarse y figuras que inspiran. Nunca deje en el olvido al los Hugos Don, escriba esto mismo mil veces si es necesario, así ocurrirá todo otra vez en este mismo instante y por poco que se nos pegue de él, seguro seremos mejores hombres.

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  2. Conocí a Hugo hace veinticinco años. Me trajo dos de sus obras escritas. Después, la vida nos unió. El teatro nacional nos atrapó. Su generosidad nos iluminaba a quienes amábamos y amamos el teatro.
    Su tarea titánica, muy bien descripta por uno de sus amigos entrañables, Raúl Leiva.
    Hugo amó la vida y nos dejó un legado. Como todos los seres irrepetibles, a veces no se lo comprendió…Sin embargo, su memoria queda en nuestro corazón y en los trabajos que seguiremos escribiendo para que no se lo olvide…
    Gracias, Raúl, por esta página llena de luz

    patricia vaianella

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