Rombos Bipolares

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14 febrero, 2017 por escribeconnosotros

Hace ya bastantes lunas, yo era una niña de tres en la familia que mis padres, de una manera vertiginosa, estaban creando. Año del 68 nació mi hermana mayor, en el 69 nací yo  y en el 70 la menor. El extra del 75 aún no llegaba.

El nacer en tal o cual fecha te marca, quieran o no los escépticos. Si naces el 1 de Enero, pasas toda tu infancia sin tener un festejo en el día justo del cumple. Ya no se diga nacer en el día de la madre… te robaron el protagonismo para siempre. Yo nací en Febrero, acá en México, al norte, es una época bastante fría y con vientos. No había mucho problema, salvo que cada 4 o 5 años, la cuaresma comenzaba muy anticipadamente y mis festejos no podían ser en viernes por el tema de la abstinencia (¿En qué fiesta infantil entra el atún por ejemplo?). Cuando eres niño, cuentas los días que faltan para el cumple. La verdad sea dicha… esperabas con ansias los regalos.

Aquí dividías a la familia y a las madres de los amigos en dos: los que regalaban juguetes y los que regalaban ropa. Todo niño que se precie de ser sincero, toma un regalo, lo abre, y si ve ropa, lo hace a un lado… como si fuera un bombón (chocolate) relleno de licor. Pero si es un juguete, casi grita y lo abre ahí mismo, y lo muestra como medalla de oro en las olimpiadas.

Ya entonces yo pintaba para persona rara… me encantaban los juguetes, claro, pero tenía, a mis 5 años, una espina clavada que no me dejaba en paz. Si alguien me regalaba ropa, era ropa de invierno. En cambio, a mi hermana mayor, nacida en Abril, le regalaban vestidos de verano que nunca pude heredar porque ella era mas bien llenita y yo flaca como insecto palo. Como estábamos en colegio católico, el uniforme era lo que vestíamos del diario. Y cada año mi padre destinaba dinero para el guardarropa… en Navidad, tiempo de frío. No éramos pobres, pero no sobraba el dinero.  Así que no tenía yo, entre mis cosas, un vestido de verano… y yo SUSPIRABA por uno en particular, uno que le había visto a la cantante de moda… era un vestido largo, sin espalda… lindísimo.

Un día tuve un golpe de suerte… en Mayo saqué el primer lugar en declamación y mi abuela paterna (buena en el arte de la costura y más buena como persona) me felicitó… y aproveché para pedirle de regalo un vestido… EL vestido. Me llevó al centro a elegir la tela, apunté a una de  rombos  multicolor. Ese mismo día lo terminó. Me lo probé, me vi al espejo y me sentí la persona más afortunada del planeta. Sólo tenia que esperar el fin de semana para estrenarlo.

No hay plazo que no se cumpla, ni fecha que no se llegue. Me levanté tempranísimo ese Domingo, me bañé y me puse el vestido. Almorzamos y nos fuimos a visitar a los abuelos paternos y maternos ( que vivían en la misma colonia ). Al llegar a casa de mi abuela materna, saludo y me voy al patio, que era un jardín enorme, con higueras, nogales, aguacates y naranjos. Cada domingo nos juntábamos los primos ahí y jugábamos a revolcarnos en el césped, trepábamos a los árboles para bajar los frutos o para atrapar bichos. Ni siquiera había cruzado la puerta de la cocina cuando mi madre me atajó.

– ¿A dónde crees que vas?

– A jugar… anda, hazte a un lado que me gana Ernesto

-No señorita, usted se me sienta aquí en la cocina y ni se le ocurra ensuciarse, porque más tarde vamos a ir con tu otra abuela y no quiero que vea dañado el vestido que te hizo.

-Pero…

-Pero nada. Una señorita con vestido no anda por ahí trepada en los árboles como marimacho.

-Pero…

-He dicho.

Pasé el domingo sentada entre adultos que comentaban lo mal que anda la política, lo bien que le salen los guisos a la abuela y lo desesperantes que son los vecinos de mi madre/tías/el mundo entero. Me consolaba un poco saber que pronto nos iríamos a casa y me quitaría el vestido y no volvería a ponérmelo JAMÁS…. Pero JAMÁS es una palabra que un niño no puede  darse el lujo de decir…. resultó que como yo le pedí el vestido a mi abuela, y ella tan generosamente me lo hizo, y era además la Suegra de mi madre, ésta no se iba a arriesgar a que mi abuela se ofendiera porque yo usara el vestido una sola vez.

Fue el verano más largo de mi vida. Terminé viendo esos rombos como reja de alambre tejido. La ventaja de tener 5 años, es que creces muy rápido. El vestido pasó a mi hermana la menor el siguiente verano y yo JAMÁS volví a pedir nada a mi abuela.

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3 pensamientos en “Rombos Bipolares

  1. Raul dice:

    Muy buena postal de lo que representan los regalos y los mandatos a los cinco años. Nos marcan como a fuego. un abrazo

    Le gusta a 1 persona

  2. Qué tema ese de la vestimenta y las imposturas sociales. Una señorita feliz se ensucia el vestido, qué tanto. Excelente relato, simple y por eso mismo más bello.

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  3. Ahora me da envidia cómo los chicos eligen su atuendo y son pocas las madres que imponen tal o cual cosa… pero no me quejo, al menos no nací hombre ni me vistieron de marinerito 😉

    Me gusta

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