Competencia

Autor: Despeinada

Adán y Eva eran 2 hermanos gemelos, nacidos en los noventas, con unos padres bastante raros, que pensaron mucho, o muy poco, cuando les bautizaron así. Habían nacido el 1 de Enero y, según sus padres, ésto les inspiró, ya que se podría interpretar como “el origen de los tiempos”.

Sufrieron suficiente de niños con el enojo (injustificado) de las monjas, y las burlas (estúpidas) de los compañeros.

Ahora se estila separar a los hermanos cuando los inscriben en una escuela y ésta tiene más de dos salones de un mismo grado. En ese entonces, no.  Así que  además de compartir matriz, cuarto, juguetes, nana y maestros, compartían la cruz de no poder mantenerse invisibles.

Cuando cumplieron 18 años, su padre les hizo llamar.

– A partir de hoy, comenzarán una competencia. Quien la gane estará en mi testamento como único heredero de todos los bienes.

Ambos voltearon a ver a la madre, y ella les confirmó la noticia con la poker face más extraordinaria que le conocían. No sabían si estaba de acuerdo con eso o si la idea era de ella… su falta de negación era el único indicio de que la cosa iba en serio.

– Tendrán un año para irse desprendiendo de las cosas. De SUS cosas.  Tienen que ir donando, obsequiando, acomodando cada una de ellas en personas diferentes. No pueden dar más de una cosa a la misma persona. Para que cuente, la persona deberá agradecer el gesto con una carta enviada por correo a nuestra casa. Esa carta deberá mencionar el objeto, la fecha de su aceptación, una fotografía con el objeto en mano y el nombre de cuál de los dos fue el que dio el regalo. Quien consiga más cartas, será el heredero universal. Comenzaremos mañana, en su cumpleaños, y el conteo incluirá todas las cartas que lleguen en el año, las extraviadas, retrasadas o incompletas no contarán, las abriremos y decidiremos el día último del año.

La familia había amasado una fortuna bastante considerable. Sus padres, ambos, habían sido hijos únicos y tuvieron la suerte de heredar todo lo de sus progenitores, evitando peleas entre hermanos o pleitos legales con parientes. También tenían un negocio bastante fructífero en donde ambos colaboraban: él haciendo de carpintero, ella administrando y vendiendo eficientemente. Así que la competencia no era cosa de dejarse a la ligera.

Para Marzo, Eva acudió con su madre, desesperada, pues ninguna carta de sus beneficiados había llegado, y Adán ya tenía al menos sesenta.

– Quizás sea que tus cosas no le agradan tanto a las personas y no las aprecian tanto como para tomarse la molestia hacer la carta – Sugirió

Eva se fue de inmediato a las tiendas a comprar cosas útiles, cosas lindas, cosas necesarias. Redobló esfuerzos para poder alcanzar a Adán, pero sus cartas seguían sin aparecer.

Acudió a su padre por consejo.

-Quizás no eliges a la gente correcta. Hay demasiada gente desagradecida por ahí. O quizás no das con suficiente alegría, para que la gente intente devolver el gesto.

Cambió de táctica, buscó más gente, diferentes, chicos, grandes, desconocidos amables, conocidos amargados…. y nada, no llegaba ninguna de sus cartas y ya estaban en Junio.

Un abuelo, el único que les quedaba con vida, se acercó a Eva para preguntarle.

-Eva, querida, siéntate un momento a pensar. Es increíble que no llegue una sola carta. Dime cómo les explicas a las personas lo que tienen qué hacer… puede ser que no estés dando bien los datos.

-Es imposible Abuelo, el 2 de Enero Adán me dijo que mamá le había sugerido que imprimiera en unas tarjetas las instrucciones, así no perdía tiempo o minimizaba los errores. Entonces fui  con mamá para pedirle que también me hiciera imprimir a mí esas tarjetas. Las de Adán llegaron el día 3 y las mías el 4.

El abuelo pidió ver una de las tarjetas y sus sospechas se confirmaron. La dirección de las tarjetas de Eva tenían un 908 en vez del 809 correcto que Sí aparecía en las de Adán. Convocó a una junta familiar para aclarar la desventaja que ocasionaba una falla de la imprenta.

-Las reglas son claras – determinó el padre – No hay nada qué hacer. Debió revisar las tarjetas antes.

Adán estaba atónito. Una cosa era ganarle a Eva, y otro muy diferente aprovecharse de un malentendido. Ante la injusticia de su padre, comenzó a ayudar. Dejó de regalar sus cosas y acompañó a Eva para regalar las de ellas con la tarjeta ya corregida a mano, no había tiempo que perder.

En Noviembre aún había bastante diferencia y a Adán se le ocurrió que Eva podía trabajar para conseguir más dinero y él seguiría regalando… como ya no llegaban cartas de él, había una pequeña, pero esperanzadora oportunidad de nivelar la competencia.

El conteo final lo hicieron la noche del 31 de Diciembre. Tenían qué abrir las cartas y restar las que no cumplieran con las reglas. Fue cardíaco y entretenido. Ambos hermanos estaban expectantes y al final, Eva resultó, por mucho, ganadora de la competencia.

-Papá, sé que tus reglas son claras y no quiero incomodarte… pero quiero avisarte que aunque me pongas de heredera universal, todo lo compartiré con Adán, no me parece justo, que él dejó de regalar sus cosas para ayudarme y por eso haya perdido.

– Qué bien salieron las cosas después de todo – le susurró el abuelo a la madre –  Quién diría que un malentendido ocasionó algo tan bueno.

– No hubo tal- dijo la madre – Me aseguré de mandar las tarjetas así como se imprimieron.

Y una sonrisa se espejeó con su cómplice que levantaba las copas para hacer el brindis del fin de año.

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