“El trébol de cuatro hojas” por José Ángel Lucena y Javier Gómez Ruiz

 

Otra noche de crónica y este dolor de cabeza que no se me quita. El tiempo se fue llevando la ilusión que emanaban mis primeros trabajos y después de mis escritos de este año, carentes de profundidad y sin vida, el redactor jefe me tiene enfilado y sé que tengo un pie fuera del periódico.  La verdad es que algún que otro concierto que cubrí no merecía ni eso. Esta noche espero reivindicarme, porque esta noche tocan “ Los Rápidos”, “Los Burros” y El Último de la fila”; tres en uno. Este grupo tiene en sus letras una parte de mi vida, una parte autentica y de las buenas…Que espero poder transmitir en palabras si este dolor de cabeza me lo permite, claro.

-¡Cariño!, ¿compraste las pastillas que te pedí? –le grito a mi mujer a través de la puerta del baño-.

Entre el ruido del agua cayendo y lo que creo que es un secador, escucho la respuesta de Laura: “!Siii!..Te lo quita rápido…una cada ocho…¿hablaste?…Nico”. Como sé que mi mujer para arreglarse, entra en otra dimensión y lo demás le importa poco, me despido con un “hasta luego, nos vemos allí”. Me dirijo a la habitación de Nico y allí sobre la mesilla, encuentro un sobre con una pastilla azul dentro, me la trago sin agua ni nada y salgo raudo para el concierto…

 

 

“La premonitoria letra de Braque estalló sobre el escenario de La Riviera . ¨El tiempo soy yo … Yo soy el tiempo¨. El viernes se abrió una brecha espacio temporal en la que unas bolas de discoteca en forma de trajes de espejo se encargaron de reflejar toda la alegría que guarda la espera. Sólo bastó la presencia del mítico dúo, tan ansiada, tan deseada, para desatar el ánimo de los privilegiados que abarrotaban la sala. La puerta entre el pasado y el más rabioso y fugaz de los presentes estaba abierta.

García-Portet en una nueva comunión se encargaron de tejer con destreza de oficio, un hilo que arrancaba en los temas de los rápidos y que conectaba sin mucha dificultad con canciones consagradas de los burros. Continuidad. Un rio que fluye generoso, sin rumbo, pero con parada directa en el corazón.
El título del último trabajo editado tomaba todo su sentido: Historias de Una Banda. Con sencillez, sin pretensiones, sin pensar en el cometa cegador que estaba atravesando de nuevo las vidas cargadas de ilusión de un ayer nunca cerrado.

García deslumbró, se entregó en un coqueteo enérgico y próximo. Sin descanso, en las ganas y el movimiento característico que nunca lo ha abandonado. Portet esquivo, complacido y tímido permaneció contemplando de nuevo la masa que antaño se convocara a la misa de cinco de sus conciertos.

El milagro se estaba produciendo ante nuestros ojos. Ávidos, hambrientos, desmadejados. Acompasado con el ritmo de las olas del mediterráneo, con las ganas descaradas y transgresoras de los 80. Cada sílaba como licor febril, cada gesto, todo quedó recogido, guardado, ordenado … la más valiosa de las pertenencias. Intacto el recuerdo, intacto el escalofrío.

Confusión, Navaja de Papel, Ruta del Sur – Quiero más, quiero que me empape esta sensación. No hay agua para tanta sed – Mi novia se llamaba Ramón, Te quiero bastante, Huesos – Vamos creciendo y la euforia prende la sala. Las guitarras de Josep Lluis y Antonio Fidel derraman rock genuino y teatralor. Hirschfeld nos contagia con su teclado y la batería de Celada y Visiers se encargan de marcar el ritmo de la emoción.

Supongo que no puede volver quien nunca se marchó. Sólo se hace patente. Sólo se pone de pie y se despereza reclamando atención.

Y comprendo que todo ha sido el preludio del cálido aguacero que nos esperaba. Disneylandia coge de la mano a Llanto de pasión en este hilo de Ariadna que nos guía y de nuevo el último de la Fila brilla sobre el escenario, mágico e intemporal.

Los vientos despejaron toda duda, la espera, exasperante y opaca; se desnudó entre brillantes luces con nombre de canción y brotaron una detrás de otra, todas las melodías que se recuestan a nuestro lado para cantarnos al oído.

Encontramos el trébol de cuatro hojas y dos quedarán entre las palmeras de la Sala Riviera; las otras dos se deslizaran al suelo en Razzmatazz , dejando claro que la vida vibra sin descanso en cada uno de estos temas. Hay acordes hechos de eternidad y pasión. Hay un rumor que conecta con las estrellas, esas que no dejan de alumbrarnos el camino independientemente de lo oscura que sea la noche.”

“Pesada carga la ausencia”
San Gennaro 20.16

 

 

En la casa y más o menos a la misma hora del concierto:

-Venga Nico, tio. Ve a por la pastilla que esta noche vamos a flipar. ¿Cuál pillaste al final?

-Un trébol azul, es suave pero el efecto dura más. De todas formas mis viejos llegaran tarde, mi padre cubre un concierto.

-Bien, venga dale, ve a por ella.

Nico se levanta y dos minutos después aparece de nuevo con la cara desencajada:

-¡No está!

-¿Cómo que no está?

-Pues que la dejé en la mesilla y no está. He rebuscado por todas partes por si se había caído, pero ¡no está!

-Pues como la hayan pillado tus viejos…

-¡Ostias!…

 

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