La abuela Luisa

Por  Milmartitas

La abuela Luisa era una mujer misteriosa. Rebosaba dulzura y amor, pero siempre desde una prudente distancia. Era una gran señora, de esas en peligro de extinción. Siempre salía de su habitación perfectamente arreglada, peinada, maquillada y con la sonrisa instalada en sus ojos. No hay un solo recuerdo de mi infancia en el cual mi abuela estuviera triste o disgustada. Jamás le oí una palabra más alta que otra.
A Luisa se le notaba la casta en los andares.
Nació hija única en una familia porteña muy acomodada y recibió una exquisita educación que la prepararía para encontrar al mejor de los maridos de aquella sociedad de la gran ciudad de Buenos Aires de principios del siglo XX.
Clases de cocina, costura y buenos modales. Clases de tenis y de baile. Clases para ser una buena esposa y madre. Clases para llevar un hogar con la debida diligencia. Luisa a los dieciocho años estaba perfectamente preparada para desempeñar el papel para el que se había estado preparando toda su vida.
Los solteros más acaudalados de la ciudad la pretendieron. Era una mujer muy hermosa y la dote que la acompañaría era aún más jugosa que la propia Luisa.
Cuando cumplió los veinte sus padres empezaron a impacientarse. Se le pasaba la edad. Cada vez iban quedando menos candidatos para acompañarla al altar.
Luisa vio por primera vez a Luis en una de las obras que dirigía su padre en la ciudad. Era un trabajador más. Su ropa de trabajo manchada de grasa y fango cómo todos los demás. Su caja del almuerzo en una mano. Un papel doblado en la otra.
“Eres la mujer más hermosa que jamás haya visto. Quiero caminar a tu lado el resto de mi vida. ¿Me acompañas?”
Luisa se fue a España con Luis 36 días después. Lo supo al instante. Nunca tuvo dudas. Dejó atrás su dote, su familia y su comodidad asegurada. Tuvo 5 hijos y muchísimos nietos. Y murió durmiendo tranquila en su cama, dos semanas después de fallecer mi abuelo.
Siempre la recuerdo al final de sus días, cuando la acompañaba a tomar el té de las cinco. Tomaba mi mano con dulzura mientras me decía:
– Sigue siempre a tu corazón. No lo traiciones. Hagas lo que hagas en tu vida. No te falles a ti misma.

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