Prisionera

Por: Despeinada

Amelia vivió casi 60 años presa, jamás le hicieron juicio, jamás nadie le dijo porqué tenía que cumplir esa condena. “Las cosas son así”, era lo más que logró sacar cuando, ya hace mucho tiempo, le daba aún el espíritu la fuerza para preguntar.

Nacida en en seno de una humilde, vivían ella y sus padres en una casa modesta, angosta como un pasillo amplio de edificio, pero larga como un campo de fútbol. El terreno se lo apropiaron, como los demás vecinos, y poco a poco fueron exigiendo al gobierno que les pusiera drenaje, luz y agua. No tuvo hermanos y, quiso la fatalidad, que su padre muriera cuando ella apenas contaba con 15 años.

Su madre estaba angustiada… ¿Cómo harían para vivir?.

Nena, vas a tener que casarte, porque si no, terminaremos en la calle.

-Bueno- Dijo Amelia, quien no estaba acostumbrada a ver a su madre tan alterada.

Se casó Amelia con Don Genaro, quien le llevaba 15 años, pero era listo y se le veía futuro, al menos eso decían. Para que él aceptara, la madre de Amelia permitió que vivieran en su misma casa, así, él no gastaba en comprar propiedad, pero también la alimentaría a ella.

Pasaron los años y Amelia tuvo 3 hijas y 2 hijos, en ése orden. Don Genaro había dispuesto de las 3 primeras secciones de la casa para poner su negocio ilegal, que era lo que le daba los recursos para mantener a la familia. Bueno, a las familias, porque ya contaba con una segunda familia en otra parte de la ciudad. Dormía en la otra casa, pero se pasaba la mayor parte del día en la casa de Amelia por el trabajo, que ciertamente, al morir la madre de ella hacía años, la casa ya era propiedad de ambos, por el matrimonio firmado bajo bienes mancomunados (de eso se enteró después, porque siempre pensó que la casa era de él por ser el hombre).

La vida pasaba despacio. Don Genaro llegaba a la casa sacándose los zapatos, esperando que Amelia le pusiera las alpargatas y le sirviera el café. Más tarde lo alimentaría a él y a sus trabajadores. Si llegaba a molestarse Don Genaro, la golpeaba, y si los hijos la defendían, también arremetía contra ellos.

Un día, Don Genaro se resbaló en la ducha, con tan mala suerte (para él) que se golpeó la cabeza y quedó muy mal herido. Lo llevaron al hospital y en la semana que tuvo de agonía, las dos familias se miraban con rivalidad. Falleció Don Genaro y Amelia se angustió… ¿Cómo haría para vivir?

Sus chicas ya eran grandes, incluso estaban casadas, pero la angustia le vino igual. Las cosas se fueron acomodando y nunca le faltó nada, entre sus hijos se hicieron cargo de todo y siguió alimentando y atendiendo a los hijos solteros y a sus nietos.

Cuando Amelia cumplió 70 años, los hijos le hicieron una fiesta donde reunieron a toda la familia (que se había multiplicado bastante bien) y hasta un bisnieto acudió. Estaban en el festejo, pusieron una canción, y Amelia y los hijos se pusieron a llorar

– Esa canción nos recuerda a Don Genaro – Explicó ella – Le gustaba mucho a él… qué tiempos aquellos cuando vivía….

Amelia murió a los 75, y vivió 60 años prisionera en la creencia que su vida no valía nada.

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