El maldito pollo

Por Milmartitas en la semana de tema libre.

Hace algunas vidas yo era una mujer muy diferente. Quizás no en la esencia, pero si en el mundo que me rodeaba.
Trabajaba en una gran empresa cómo responsable de administración, con 70 trabajadores fijos a mi cargo, que llegaban a 300 en épocas de campaña, manejando diariamente cifras que hoy en día me ponen los pelos de punta. Solía pasar entre diez y catorce horas cada día rodeada del más absoluto estrés. Era una ocupación que me encantaba, aunque no recibía mucho amor a cambio.
Un día de primavera, en uno de mis habituales paseos de control por la planta de producción vi un corrillo de operarios que me llamaban:
– Jefa venga hacía aquí, mire lo que hemos encontrado
En el centro y a sus pies había dos cuerpecillos emplumados. Uno inerte, al otro parecía que no le quedara mucho más tiempo que a su hermano.
– Son pollos de lechuza jefa. La madre debió poner los huevos en la viga y se han caído.
Y es justo en estos momentos cuando suele salir la boba romántica que hay en mi interior, y que siempre lo arruina todo. Me enamoré del desvalido pollo, algo cuanto menos curioso, porque tengo que decir que era el animal más espantoso que había visto jamás. Y, aunque aún no entiendo la razón, decidí adoptarlo. Mala idea.
Lo llevé a la sala de descanso de dirección, en la que teníamos una cocina, y le preparé un nido con trapos. Pedí al personal del laboratorio que me acercara pipetas desechables y le introduje como pude un poco de agua y pan mojado en leche. No fue tarea fácil. Las poquitas fuerzas que le quedaban las usaba para atacarme, el muy desagradecido.
Como es natural, yo no sabía nada de lechuzas. No conozco a nadie que sepa de lechuzas, la verdad. Así que busqué por internet toda la información que pude. Una mujer tan poderosa podía con eso y más. Gran error.
En los días siguientes el asqueroso pollo se convirtió en mi fiel compañero. Le hacía papillas con todo lo que me indicaban los foros (sí, hay foros de lechuzas), y con la ayuda de jeringuillas fui alimentándolo. Y le vino muy bien. Empezó a adquirir una energía que agotaba la mía. Los agudos graznidos también me acompañaban a todas horas. Cuando le daba de comer, cuando no lo hacía, cuando me acercaba, cuando me alejaba. Los chillidos de aquel horrible animal resonaban día y noche. Notaba hielo en su mirada. Esas bolas negras que tenía por ojos aún me provocan pesadillas.
Hice cosas horribles por ese pollo inmundo. Cazaba y mutilaba bichos que debía incluir en su dieta, incluso llegué a comprarle ratones congelados recién nacidos por aquello de las proteínas y el calcio. Y el muy asqueroso me gritaba más y más. No sé si me odiaba, me temía o simplemente tenía hambre las veinticuatro horas del día. Estuve a punto de arrojarlo por la ventanilla del coche en más de una ocasión, odiaba los paseos más que ninguna otra cosa, pero la frustración de no poder controlar aquella situación era más fuerte que mis ganas de asesinarlo.
Dos semanas, es el tiempo que aguanté. En su último ataque se llevó un trozo de mi índice derecho. Ya era suficiente. Me rendí. Tenía el trabajo desatendido, la nevera infectada de insectos y roedores muertos, y a mis amigos presentándome a psiquiatras para que “hablara” del tema.
Dejé el pollo de lechuza en un centro de recuperación de especies amenazadas. Incluso volví a llamar una semana después y me dijeron que se encontraba muy bien.
Nunca más. Lo juro. Nunca más. Bueno, sólo hasta que me vuelva a cruzar con algún otro animal desamparado.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

Crea un sitio web o blog en WordPress.com

Subir ↑

A %d blogueros les gusta esto: