Emiliano

Un relato de despeinada.

Emiliano creció bajo el ala protectora de la madre… el último de 12 hijos, nunca tuvo nada exclusivo, ni siquiera el útero de su madre, pues nació minutos después que su hermano gemelo. Heredó ropa, manías, traumas, juguetes. Nunca le faltó cariño porque de alguna manera la madre quiso compensarle la falta de brazo o el mini brazo que le había crecido al nacer. Volcó en él el cariño de abuela prematura que se había ganado con tantos alumbramientos. Así Emiliano creció feliz, pensando que todas las mujeres del mundo son abnegadas y su función en la vida era atender a los hombres.

Cuando creces, vas tomando ideas, como quien toma frutos de las huertas que enmarcan el camino… y la vida te va enseñando que el durazno verde te da dolor de barriga y que la manzana con agujero seguro es casa de gusano.

Cuando Emiliano se casó, su madre estaba feliz, pues una chica había sido lista al mirar más allá de las limitaciones de su hijo

-Seguro notó su corazón de oro- Dijo a quien sea que tuviera orejas.

Todavía no sumaban ambos 50 años y ya tenían 4 hijos. Nadie preguntaba si eran felices… era como preguntarle a quien se había sacado la lotería si era feliz… Inaudito. Pero quienes se sacan la lotería aprenden que si alguien les pregunta, de idiotas dicen que no, aunque no lo sean (felices, no idiotas).

Emiliano llegó un día a casa, sin avisar. No había nadie. Se sentó a esperar y en unas horas llego su mujer, sin los niños.

-¿Qué pasó? – Se preocupó él, pensando lo peor

-Emmmm, nada, los chicos están con la vecina

-Caramba mujer, qué susto me diste. ¿De dónde vienes?

-Emmmm, de unas vueltas

– Bueno, deja voy por los chicos, ¿Con cuál vecina los dejaste?

-Emmmm, siéntate, tenemos que hablar.

Emiliano nunca terminó de entender, ella le dijo que llevaba un par de años viéndose con otro, que no aguantaba más y que se iba, que era un alivio que por fin se hubiera dado cuenta porque ya era insostenible la situación. Le dejó a los niños y se fue.

-Quien se va sin que le echen, vuelve sin que le llamen- Sentenció la madre de Emiliano. –

Y regresó a casa de sus padres, con descendencia y un sentimiento de fracaso que no le cabía en el alma. Se pasó los siguientes 10 años esperándola. Y efectivamente, volvió, pero regresó por los chicos, porque los extrañaba y se había dado cuenta que sin ellos no podía vivir. Se los llevó y a los meses la madre de Emiliano murió, quedando éste solo y desatendido, porque el padre, acostumbrado a una mujer que lo atendiera, no movía un dedo en casa, era la consigna. Emiliano se dedicó a buscar una mujer como su madre, pero las que lo atendían iban detrás de la cartera. No le cabía en la cabeza que no hubiera mujer dedicada en cuerpo y alma a servirle.

Emiliano sigue buscando quimeras… pero no lo sabe. Su madre no le enseñó a dar, sólo a recibir. La vida, algún día, se lo enseñará, y volverá a ser feliz.

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