Pelucas

Por La Maga

Toda la semana estuvo complicado… pensó entonces, que ésta vez no iría a la peluquería de siempre, esa que quedaba ahí a la vuelta de la oficina, sino que mejor sería dejarlo para el finde.
Llegó el sábado y después de tomarse unos mates, bajó y recorrió la zona buscando la peluquería indicada.

Claro que lo “indicado” para él, un pibe de treinta y pico, práctico en cuestiones de estética, no tenía nada que ver con mirar un video en el cielo raso de la peluquería mientras le lavaran el pelo, ni tampoco que el peluquero fuera lo más parecido a Cerati en su mejor momento, sino mas bien con que no haya que esperar demasiado y que al pagar, el precio sea lo idealmente razonable como para no tener que preguntar cuantas cuotas sin interés aceptaban con Visa.

Descartó unas cuantas, hasta que por último se decidió entrar a una chiquitita que estaba a la mitad de una cuadra muy concurrida. Desde afuera no se veía nadie excepto a un viejo gordo y barbudo, apoyado en la caja registradora, “registrando” la vereda con la mirada perdida.

La peluquería era bien pequeña y al ingresar el viejo seguía mirando hacia afuera con una mueca de esperanza, que devolvía algo de emoción a aquellos ásperos ojos.

En ese momento supo que necesitaría algo más que suerte para no verse como aquel viejo, una vez que éste hiciera lo que se le antojara con su cabeza cuando usara la navaja que reposaba allí hacía tiempo, al lado del espejo.

La vieja e inmóvil peluquería estaba muy bien equipada, los antiguos sillones tapizados de rojo sangre, chocaban con el minimalismo de las tiendas de la zona y esta resistía la embestida de un nuevo barrio apasionado por el consumo que se iba alzando a su alrededor, acarreando un humor bullicioso que se deslizaba tímidamente en la tranquila tarde de la peluquería.

A su derecha una tienda de diseño había sacado sus prendas a la puerta y los colores chillaban desde el vidrio. A su izquierda un restó muy paquete, nacido de las entrañas de la movida vegana, le robaba unos cuantos centímetros de vidriera al viejo, con una mesa que todavía no se había ocupado.

El pibe ya estaba adentro y la inmutable imagen no se desarmaba hasta que con voz acomodadamente grave dijo: cuanto por un corte?

El viejo se dispuso a hacer lo que sabía, le ató un delantal blanco al cuello, movió unos utensilios y lo acomodó delante del espejo. En la vidriera algo se movió y el viejo vio sentarse a dos pibas, una de ellas llevaba ese raro peinado nuevo con la cabeza pelada de un lado y una cresta oxigenada que caía al otro lado de la cara. La otra, una cabellera morena y encrespada. Esta la había agarrado de la mano a la rubia y la acariciaba lentamente mientras miraban la carta. Parado delante de ellas, el mozo de pelo largo y rodete se impacientaba pasándose la lapicera de un lado al otro de su barba tupida.

El peluquero tomó la tijera y mirándolo por el espejo le preguntó. Te gustan las lesbianas? El pibe confundido le respondió que si… el viejo giró el sillón y lo detuvo mirando a la vereda.

Al otro lado del vidrio, las pibas en la mesa, sonreían sobre los platos, comían y de vez en cuando sus dedos se rozaban entre pasajes de pan. Entonces todo se paraba, se dejaba de cortar y un tiempo muy pesado manejaba el reloj de la pared, hasta que la risita picaresca del viejo invadía la peluquería y todo se movía.

Un rato más tarde soltó la tijera y siguió con la navaja. Todo pasaba, sin pasar a la vez. Los pelos saltaban y caían como agujas a los brazos del pibe. Hubo una probadita de la rubia al plato de la otra y la risa del viejo apareció. El pibe no podía acompañarlo, estaba confundiéndose y entregándose al misterio de una tarde distinta.

Miraron un poco más. Las pibas terminaron, pidieron la cuenta y se alejaron perdiéndose en la multitud. El viejo le empolvó la nuca y mientras abría la caja registradora y le daba el vuelto, lo saludo y le dijo: Muy bien pibe, así me gusta. Bien prolijito y bien hombre!
Lo despidió, se dio la vuelta y se acomodó de frente al vidrio. La puerta se cerró, el pibe salió y se esfumó de la escena.

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