Increíble

(publicado originalmente en https://unacariciadivina.wordpress.com)

— Tarde Gómez, tarde de nuevo —resopló el jefe.

— Pasa que tuve un problema el viernes cuando salí de acá.

— Ajá. A ver, ¿Qué problema?

— Salí de acá y le metí derecho por la avenida hasta la rotonda, —comenzó a explicar Gómez, con estudiada tranquilidad— y justo que estoy entrando a la rotonda un pelotudo se me cruzó y maniobré y le pegué al cantero del medio. Casi parto el auto en dos, por suerte no me pasó nada.

— Si…por suerte. Y dígame, ¿qué tiene que ver eso con que usted llegue tarde otra vez?

— Pasa que después de eso llamé a la grúa para que me llevara el coche. Como a la media hora cayó un gordo de esos a los que se le ve la raya cuando se agacha, ¿vio?

— Ajá —respondió el jefe mientras ordenaba sus papeles, sin demostrar mucho interés en las excusas de Gómez.

— Bueno, el gordo enganchó el auto y me estaba llevando hasta un taller para dejarlo, pero se ve que el destino quería verme mal. Al tipo se le cortó la dirección y cuando vio que nos íbamos a matar, el forro saltó de la camioneta. Una cosa de locos, increíble.

— ¿Y esta vez contra que chocó?

— Contra otro cantero. A mí no me pasó nada, pero el gordo se partió la cabeza contra el asfalto. Si siempre va a hacer lo mismo, le conviene manejar con casco al gil. Todavía está internado —terminó Gómez, con una sonrisa estúpida en sus labios.

— ¿Esa es su justificación? —preguntó el jefe después de unos minutos de tenso silencio.

— Sí.

— Gómez, eso fue el viernes, hoy es lunes.

— Pasa que la cosa no terminó ahí.

— Ah, ¿no? ¿Chocó muchas veces más el fin de semana?

— No, por suerte ese fue el último choque.

— ¿Y entonces qué pasó después?

— Estaba adentro de mi autito destruido esperando que alguien apareciera para darme una mano —arrancó de nuevo Gómez—, pero nadie paraba. Hasta que pasó frente a mí (en contra mano) un auto redondo, yo pensé que era japonés, o algo así. Al rato se bajó algo amarillo y como de un metro cuarenta, un metro cincuenta cuando mucho. Así que ahí yo dije: “ese es japonés, seguro”. Pero cuando se acercó no era japonés, ni siquiera chino. La cosa tenía tres ojos y dos bocas, seis dedos y tres patas. Tenía una cosa más de cada cosa que tenemos nosotros. Un verdadero monstro.

— Ajá. La verdad que quiero escuchar como cierra toda esta historia, porque me parece que va a empeorar —exclamó el jefe que había cambiado su postura, y todo su cuerpo estaba atento a la magnífica historia que relataba Gómez.

— Me miró fijo, puso dos de sus ojos en mi ojo derecho, y el restante en mi ojo izquierdo…

— ¿Qué le pasa Gómez? Siga.

— No me acuerdo si era así, o al revés.

— Es irrelevante, Gómez. Siga, siga.

— La cosa es que del cagazo me desmayé. Caí redondo. Como el auto, ¿entiende?

— Ajá.

— Cuando me desperté íbamos en el autito japonés volando como a veinte mil kilómetros de la Tierra, bueno quince mil, capaz —se corrigió el empleado ante la cara de incredulidad del jefe-. Yo preguntaba qué estaba pasando. Le decía al tipo que había visto afuera: “¿Ponja pa´ dónde vamo?”. Pero nadie me contestaba, me ignoraban diría yo. A las dos horas llegamos a un planeta, pero no sé cual, y la verdad que si le digo alguno le voy a estar mintiendo, y no le quiero mentir jefe.

— Me imagino.

— Me escoltaron a un edificio imponente, tipo palaciego, ¿vio?, y ahí me presentaron a uno que se hacía llamar Emperador.

— Ajá.

— Volví a preguntar por qué me habían llevado y el Emperador me dijo: “Usted es el representante terrícola”. “¿Yo? ¿por qué?” Les pregunté intrigadísimo. ¿Sabe qué contestó el tipo?

— Ni me lo imagino.

— “Porque es el que tiene mayor coeficiente intelectual” me dijo el loco, y créame que yo puse la misma cara de incredulidad que tiene usted ahora. Era increíble.

— Dígame, ¿representante para qué? –alanzó a preguntar el jefe, totalmente colorado cuando terminó de toser y reír por lo que Gómez acababa de contar.

— Me tocaba representar a la Tierra en el campeonato intergaláctico de Scrabel que se hacía el sábado —dijo Gómez con notorio orgullo.

— ¿Scrabble?

— ¿Cómo es?

— Scrabble.

— Si, eso. Después de esa noticia, me llevaron a una pieza que era increíble de lo lujuriosa que era. Todo era de oro y marfil, me dieron de comer lomo de cerdo con frutos del bosque, un manjar.

— O sea que en ese planeta hay bosques y cerdos.

— Ni idea, a lo mejor era importado todo.

— Siga Gómez.

— También para agasajarme me llevaron una muchacha local. Simpática, pero no era mi tipo. Aunque hubiera sido interesante, porque tenía dos ya sabe qué y arriba tres ya sabe qué.

— Si.

— Para hacerla corta le cuento que el sábado la descosí y pasé a la final. Estaba hecho una luz. Por suerte el torneo era en castellano, eso a mí me llamó la atención, supuse que iba a ser en inglés. Menos mal que lo hicieron en castellano, porque de inglés no caso una. El Emperador me dijo que lo hacían así porque el inglés es el idioma internacional entre nosotros, pero que el castellano es el idioma universal. ¿Qué tal, eh? La cosa es que la final se jugaba el domingo a la tarde.

— ¿Y como le fue Gómez?

— Le gané por paliza a un mostruito anaranjado que se le ponían las espinas de punta cada vez que yo hacía alguna “Doble valor palabra” y ni le cuento del color que se ponía cuando hacía una “Triple valor palabra”. No sabe como estaba la tribuna. Había en un sector unos bichos muy fieros que eran bajitos y peinados para tras con una especie de gato o quincho y con las patillas largas. Sabe que me acerqué a uno de ellos y les pregunté si los conocía de algún lado y me dijo que no, que no eran de esta galaxia, y mucho menos humano. Había un par de cíclopes. También había mujeres barbudas que me dijeron que eran del Circo Interplanetario y que andaban de gira y de casualidad pararon para ver el campeonato. Había unos tipo elefantitos transparentes con una trompa en cada punta en vez de cola, rarísimos.

— Siga por favor, Gómez. Siga.

— Bueno después que terminé me dieron una copa, medallas y me tuvieron hasta recién con los festejos y con toda la joda. ¿Por qué cree que llegué tarde? Por la joda jefe, por la joda.

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