La cita del día dos de junio.

Por milmartitas.

Se va acercando el momento en que todos los implicados nos conozcamos por fin. Han pasado ya los doce meses de espera, y, gracias a las nuevas formas de comunicación, hemos podido localizarnos y mantener el contacto para pactar ésta maravillosa reunión de partida. Estoy ilusionada y nerviosa al mismo tiempo.
¿Asistirán todos? ¿Qué tipo de personas serán? ¿Habrá conexión entre nosotros? Hay demasiadas preguntas rondando por mi cabeza.
Mañana, después de un vuelo transoceánico, un traslado de dos horas en tren y una travesía por mar de seis horas más, habré llegado a la isla donde hemos fijado el punto de encuentro. Ya lo tengo todo preparado: el pasaporte renovado, las tarjetas de embarque en el bolso, el diminuto equipaje de mano terminado y los correos de despedida programados para su envío pasado mañana a las 15:00 de la zona horaria en la que habito, según el tiempo universal coordinado. También hemos pactado decir adiós justo en el mismo instante.
Saldremos todos juntos. Todos los elegidos. Volvemos a casa, a nuestro hogar. Siempre supe que no pertenecía a éste mundo y los demás viajeros me comentan en el chat que han tenido esa misma sensación: estamos habitando un planeta que nos es hostil: vivimos en una sociedad que no entendemos, que no nos entiende; hemos buscado nuestro lugar en otros espacios, en otras culturas, en otros estatus diferentes a los nuestros. Todo sin ningún resultado.
Creo que mi familia lo entenderá. Aunque sólo me preocupa mi madre, la única con la que aún mantengo el contacto. El resto hace tiempo que dejaron de intentar entenderme. Pero ella seguro se alegra por mí. Siempre me ha dicho que fui una niña diferente al resto, desde que nací, en la adolescencia, incluso ahora en la madurez sabe que no llegaré a encajar.
Ya estamos todos aquí, los que han venido. Noto muchas ausencias. Algunas me han sorprendido porque eran miembros muy importantes de éste grupo. Miembros imprescindibles en mi modesta opinión.
Mañana a la salida del sol vendrá otra vez la misma nave nodriza que nos abdujo hace un año a todas las personas que conformamos éste grupo tan dispar. Debemos esperar desnudos a la orilla del mar. Son las instrucciones que tenemos. Dice Raúl que el entendió que debíamos participar todos en una orgía mientras esperábamos, que eso crearía lazos importantes, pero sólo es su interpretación.
Estamos preparados para partir.

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