Sombras nada más

de Nico Bonder

La cara hundida entre las manos arrastraba la mirada por el suelo áspero de la plaza, sentado en el banco dejaba descansar los codos sobre las rodillas. Sus inmóviles ojos se activaron de repente. Una sombra espesa se detuvo frente a él, la sensación que le generó le hizo recordar cuando miraba el precipicio desde el borde de un camino serrano. Rara vez una sombra es presagio de una segunda oportunidad, pero esta era de colores. Estaba cargada de personalidad y el muchacho sin darse cuenta en qué momento se había parado, comenzaba a perseguirla.
Atontado por la novedad, comenzó a caminar detrás de ella y al llegar a una esquina levantó por primera vez la cabeza y sintió que era el único que podía verla, temió que su mirada penetrante se confundiera con la de un pervertido, pero no quería perderle pisada y tenía miedo que fuera devorada por la multitud, por lo que comenzó a perseguirla de cerca, sin desviar sus ojos de aquella proyección carnavalesca, y así se perdió entre callejones que jamás se había animado a visitar. Vio personajes y bares desfachatados que reían con la boca llena de grandes JA JA, se chocó con una nueva ciudad cargada con gente que parecía tener tantos colores como aquella sombra que él andaba siguiendo.
Vio cómo ella frenaba en una puerta, y él sin saber si podría entrar frenó dubitativo. La sombra lo esperó, hizo una reverencia invitadora y entró, dejando la puerta abierta detrás de ella.

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