El Viento del Norte

 

Por Despeinada Despeinada

Cada cabeza es un mundo, es indiscutible. Sin embargo, depende de la localidad, los mundos se encuentran sincronizados en ciertos aspectos, creando una armonía o por lo menos una idiosincrasia.
La primera vez que visité las montañas tenía 10 años. Fuimos a visitar a la familia que mi padre había dejado, para mudarse a un sitio que le permitiera trabajar todos los días del año, y no sólo la temporada de tala de árboles. Nuestros primos, encantados de llevarnos al bosque porque todo nos causaba asombro, se interrumpían entre ellos explicándonos cómo localizar los hongos que aún no han brotado, cómo saber cuál es venenoso y cuál nos serviría de desayuno, cómo echarte de panza al suelo para beber agua del venero sin enturbiarlo. Mi primo mayor no me soltaba de la mano por miedo a que me perdiera, pues ya sabía la familia que mi capacidad de atención era muy poca y podía desaparecer persiguiendo a una rana.
– ¿A dónde vamos?
– A las cascadas de Mil diez
– ¿Y cómo sabes a dónde ir si no hay vereda?
– Porque queda al norte del pueblo.
– ¿Y cómo sabes dónde es el norte si los pinos no te dejan ver el cielo?
– ¿Ves éste árbol? ¿Ves que un lado está lleno de lama verde?
– Si
– El viento del norte viene siempre con lluvia. Es cosa de mirar a los árboles para saber a dónde ir.
Me quedé con la idea que el viento del norte trae agua. Ya en casa, cada vez que llovía, me extrañaba que el viento viniera del este, casi siempre… muchos años después me enteré que al vivir en una ciudad con montes al norte y al sur, sólo teníamos viento del este o muy raramente del oeste.
Ya grande, me tuve que mudar de ciudad por un empleo. Ésta vez era una zona desértica… no importaba a dónde miraras, un pino no ibas a encontrar ni por casualidad. Me fui aclimatando poco a poco y un día, sentada en la nevería del pueblo, escuché el sonido del tren. Un par de ancianos que estaban en la mesa contigua dijeron.
– Bendito tren, por fin se acaba el verano.
– Si, caray, éste año se tomó su tiempo.
¿Qué diablos tenía qué ver el sonido del tren con el clima?. Mi jefe tuvo la gentileza de explicármelo… en un llano, como lo era ese sitio, el viento no tiene obstáculos, y transporta todos los sonidos. Estando las vías del tren en la parte norte del pueblo, si escuchábamos su sonido era porque el viento de Norte soplaba y éste traía consigo aire frío.

Apenas ahí caí en la cuenta que cada lugar tiene sus peculiaridades. La vida me ha llevado por el mundo, y en cada sitio me doy tiempo a coleccionar qué hace ahí el Viento del Norte. ¿Es una bendición? ¿Se teme su llegada?
El que más me ha gustado hasta ahora, es una playita en el sur de México, que espera con ansias el viento del Norte porque impide que los maridos vayan de pesca, y las solteras buscan en la plaza a los visitantes que huyen de sus países congelados. Brasil tendrá mucho nacido en Octubre, pero en ésta playa, en Junio son los cumpleaños más sonados.

 

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