Filigrana de palabras y miradas.

Por Silvina Lo Re
Ilustración de Miguel Ferreiros

Las palabras los constituían y ese era su privilegio. Por las noches se encontraban deseosos en un mundo de palabras, sentidos, significaciones sensuales. A escondidas de las miradas diurnas, la noche era su lugar secreto, allí no había ni horas, ni reglas sujetas al principio de realidad , ni trabajo más que el de potenciar el deseo mutuo. Trabajo que arremetían con pasión desinhibida.
Sin escritura no tenían un nosotros.
Como dice Marguerite Duras: …”la escritura llega como el viento, esta desnuda, es la tinta, es lo escrito y pasa como nada pasa en la vida, nada excepto eso, la vida…”.
La escritura era para Ellos como el canto de la sirenas, en un altamar de celestes y verdosas aguas, era el abismo y sus profundidades porque allí habitaba el vértigo de la seducción. Para el cual, sus precarias alas, surcaban las distancias y hacían maravillas planeando entre los cerros nevados y ventosos.
La escritura no los abandonada, les era una leal compañera de ruta. Su eficacia simbólica no radicaba en descifrar lo oculto, sino en producir los mundos eróticos, con sus aromas y texturas , con sus tactilidades húmedas, con sus intensidades …
Pero al mirarse, esas miradas, quizás fueran el único lugar de sentidos intensos que en ellos prescindía de la palabra. Miradas que se enredaban entre las sábanas de papel de una bitácora de viaje. Miradas enlazadas como látigo que perfora la voluntad de goce. Miradas táctiles que absorben esotéricamente al otro. Miradas que trasciende la voluptuosidad de los cuerpos.
Esas miradas eran el fundamento mismo de sus lógicas rituales de seducción.
Duelo de quietudes, desafíos de movimientos limitados de cada extremidad, atravesamientos de sentidos, desierto de palabras, todo ello eran sus miradas. Relato perfecto del sueño eterno de la seducción permanente.
Esos ojos posados en el otro del deseo, parecían conocerse de otras vidas y estar desde siempre penetrando en Ellos y así lograban gemir sin sonidos.
Y como diría Baudrillard : “ en el fondo de la seducción esta la atracción al vacío” (…) “es lo que produce el hechizo de la regla del juego”.
Ellos hacían de la provocación y el juego, una filigrana erótica donde los rituales agónicos y las lógicas de la seducción era más importantes que el sexo mismo.

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