La espera

Texto de Nico Bonder
Dibujo de Miguel Ferreiros

La mujer esperaba sentada en una silla, el respaldo contra una de las paredes de la cocina, al lado de una mesa cuadrada para dos personas. Se cebaba los mates directamente de la pava, la yerba ya estaba un poco lavada, demasiado usada estamos, pensó. El mate es algo que usan los argentinos para unirse, para compartir, había leído alguna vez, recordaba esa lectura pero no cuándo había sido la última vez que había compartido un mate con alguien. La luz cálida de la lámpara resaltaba las manchas de humedad del techo, hacía rato que había dejado de escuchar al locutor de la radio. Estaba en esa posición hacía casi una hora, desde que había empezado a esperar, pero podría decirse que estaba hacía años allí, todo era parte de la misma rutina, la silla, los mates, la radio, la humedad, la frustración, el miedo, incluso la espera.
Cada tanto al abrir los ojos y sentir que el otro lado de la cama todavía estaba tibio pensaba en que ese día podría ser diferente, que podría hacer algo para escapar de la rutina o de la vida. Con que tomara una sola decisión que fuera nueva, algo ya podría desencadenarse. Pero apenas apoyaba los pies desnudos sobre el suelo, el frío le subí hasta los hombros y allí sentía un meteorito que la aplastaba y la hacía encorvar la espalda. Entonces iniciaba el día arrastrando los pies, como si estuvieran cargando grilletes repletos de emociones y la cadena no pudiera cortarse por ningún lado. El ruido de sus pies arrastrándose por el suelo de esa casa la hacía caer en su realidad y volvía a hacer cada movimiento de idéntica forma al día anterior, y al año anterior.
Sentada en la cocina con el mate casi tibio ya, terminando su día, la concatenación de mínimas rutinas tenía un epílogo fatal. Ella podía sentir el motor del auto apagarse, los pasos hasta la puerta, el llavero tintineando en el aire, el metal entrando por la cerradura como una espada , la primera vuelta de la llave y la segunda, el chirriar de la puerta al abrirse y al cerrarse, y finalmente su voz. El frío volvía a subir desde los pies hasta los hombros.

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