Pasión

Dibujo de Miguel Ferreiros

Texto de Despeinada

A él no lo hicieron con amor, como presumían la mayoría. Tampoco fue hecho de una manera autómata, como quien hace las cosas por hacerlas, así, sin sentir nada. No, él estaba seguro que cuando lo crearon, la pasión tuvo bastante participación. Y si no, que alguien le explicara el por qué ése ímpetu que corría… no por sus venas, porque no tenía, pero sí por sus conductos.

Nació nuestro querido acordeón en una ciudad pequeña al norte de México, que era llamada ciudad sólo por estar a 10 minutos de la capital del estado. Realmente era una Villa, pero estar cerca de una concentración importante de gente fue lo que le marcó el destino. Tocaba polkas en reuniones familiares. La gente enloquecía en cuando sonaba, eran pocos los que se quedaban sentados a escuchar… su música los hacía bailar, reír y cansarse… ese cansancio espectacular que te tatúa una sonrisa, como el sexo, pero mejor, porque acá la gente se intercambiaba parejas hasta terminar exhaustos.

Quiso la vida que el hermano de su dueño estudiara fuera del país. Se había ganado una beca para hacer un doctorado al norte de España. Pensó que lo echarían de menos, pero cuando la revolución llegó a México, la familia tuvo que irse y aprovecharon que el hermano ya estaba allá asentado, en un sitio que hablaban el mismo idioma, pues no había mucho qué pensar. Le cambió la vida a nuestro acordeón. Ya nadie bailaba a su ritmo… su dueño comenzó a tocar música más bien calma…. ahora la gente se sentaba a escucharle…se deleitaban con el “Asturias patria querida” y seguido ovacionaban a su dueño. Sin embargo, ni el dueño ni el acordeón estaban a gusto. Se sentían con un vacío en el alma… una añoranza que no sabían describir. Si bien la música era un millón de veces más fina, la satisfacción no llegaba ni a la mitad.

El “exilio“ terminó después de unos años, las aguas se calmaron y la familia se planteó regresar a México, pero el acordeonista había abierto su corazón y en él se metió una hermosa argentina. A veces entras a una habitación con un mueble para armar, lo armas dentro y no hay manera de sacarlo si no lo haces pedazos… pues lo mismo le pasó al acordeonista, y como la argentina también regresaba a su tierra, pues el chico no lo pensó y se regresó con ella, sin saber que ahí también encontraría, el acordeón, la pasión de su vida.

Comenzaron a tocar tangos… ese ritmo nostálgico que también hace bailar a la gente, pero no sólo la cansa: la hace sentir, llorar. El tango y la vida del sur los llenaron por completo y no importa si es en un bar o en un salón, viven la vida consiguiendo que los sentimientos de la gente hagan ebullición con sus notas.

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