La culpa y el chancho

De Raúl Leiva

Un día de febrero, todo lo inanimado convocó a una junta para tratar el tema Culpa.
Se eligieron delegados para tal fin y trataron de representar a la mayor parte de los sectores afectados. 
El delegado de los muebles abrió la reunión. “Los muebles estamos cansados, señores, que se nos culpe de golpear los dedos meñiques de los torpes humanos. Cada vez que ocurre un accidente, inmediatamente nombran al mueble en cuestión seguido de una maldición, como si de nosotros dependiera su torpeza.”
La delegada de la comida agregó “Y no sólo eso. A nosotros nos echan la culpa de su sobrepeso, de enfermedades y hasta de muertes. Cuando nos descuidan y luego nos comen, nos echan en cara que estamos en mal estado, aún cuando ellos son los que fijan las fechas de vencimiento. Son una raza paradójicamente desagradecida y mal educados. Nuestra posición es una huelga por tiempo indeterminado hasta que nos aprecien como debe ser.”
Se desató una fuerte ovación en apoyo a la delegada de la comida.
El delegado de la droga exclamó “A nosotros nos culpan de todas sus miserias. Nosotros, señores, estamos para curarlos, pero resulta que nos toman para la broma y se administran lo que se les antoja sin consultar a nadie, y hasta se han dado el lujo de diseñar químicos para matarse a si mismos. Lo único que se les ocurre decir es: La Droga, Mata. ¿Se puede ser tan hipócrita?¿Se puede ser tan cínico como para rotular libremente de asesino a quien te salva? Propongo una huelga de medicaciones y que vea como se las arreglan sin nosotros. Solitos van a pedir perdón.”
Ya el resto de los delegados estaban eufóricos, hablaban de cesar la movilidad de los vehículos, el calor amenazó con movilización hacia los polos, la suerte y el deseo presentaron su renuncia indeclinable a la condición humana y el gremio de las enfermedades pareció esbozar una media sonrisa.
El aire, se sintió mal. Se retiró del recinto al escuchar tantas amenazas de destrucción al ser humano. Al fin y al cabo cada entidad tenía razón de ser gracias a los seres humanos. Sólo una parte de ellos se desquitaban con los objetos, y era en situaciones límites. La mayoría estaban contentos con las cosas, hasta las utilizaban para conectarse con los suyos. La comida los mantenía vivos pero a su vez los reunía para celebrar algo. La medicinas aliviaban dolores y sufrimientos. Y los deseos eran los motores cuando todo lo demás fallaba. Improvisó un sentido mensaje y se armó de coraje para volver al recinto y dar un poco de esperanza a la reunión. Abrió la puerta y un silencio sepulcral reinaba el lugar. El tiempo, que era quien presidía el congreso, estaba con el rostro desfigurado con un teléfono en la mano. “¿que pasó?” le preguntó el aire a la delegada de los libros que no salía de su asombro.
Esta le respondió “Te ausentaste exactamente veinte minutos. Esto terminó con toda forma de vida animal, incluída la de los seres humanos. Espero que estés contento.” y dándole la espalda se volvió a su lugar a intentar explicar a sus representados qué pasó, los demás hicieron lo propio.
Solo quedaron el aire y la desgracia en el recinto. Prometieron bajo firma de acta pertinente, no volver a rebelarse. Cada quien aceptaría su destino y a volver a empezar.
Como todo….de a poco.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

w

Conectando a %s

Crea un sitio web o blog en WordPress.com

Subir ↑

A %d blogueros les gusta esto: