FUEGO.

Por milmartitas.

El inspector Bermúdez no era un hombre popular. Su corpulencia y modales toscos no le habían ayudado a ganar amigos en el Cuerpo. Nadie recordaba haberlo visto llegar de buen humor ningún día en los veintitrés años que llevaba en homicidios.
Aquella mañana, como de costumbre, avanzó hacia su mesa quejándose en voz alta, en ésta ocasión del sofocante calor, mientras buscaba con la mirada al subinspector Muñoz. Lo encontró al fondo de la sala, en la zona de descanso, junto a la máquina de café.

-Muñoz venga aquí de inmediato -le increpó-. Y dejé el maldito café. Le acabará matando.
Se dejó caer sobre su silla mientras seguía con la mirada los movimientos de su subordinado, que avanzaba con desgana a su encuentro portando una subcarpeta marrón con el logotipo del Cuerpo Nacional de Policía impreso en la portada.
-¿Es el informe de la científica? –Preguntó Bermúdez.
-Si Señor Inspector. Lo he recogido antes de subir.
-¿Y piensa usted contarme lo que dice o está esperando que lo adivine?
-Verá Señor -Muñoz dudó un instante, a sabiendas de la reacción que sus palabras producirían, en el laboratorio han confirmado mis sospechas. Los restos humanos encontrados en la vivienda pertenecen a la Señorita García. Ya nos lo anticipó el perito que enviaron los bomberos. Todo cuadra Jefe.
–No siga usted con esas chorradas por favor. Aquí no hay nada que cuadre. Deje todo en mi mesa que termino el informe.
En la ciudad de Sevilla. A diecinueve de Julio de dos mil diecisiete.
Inspector Jefe de Homicidios J. Bermúdez.
Asunto: Incendio en vivienda unifamiliar. Calle Esdrújula número 4.
Siendo las catorce horas del día 25 de Junio del presente, la Señora Muñoz avisa a los bomberos, alertada por un fuerte olor a quemado que sale de la casa de su vecina. Al personarse en el lugar advierten una gran mancha de cenizas y lo que parecen restos humanos en la butaca del salón. Por causas que no se han podido determinar, la Señorita Soledad García, propietaria de la vivienda en cuestión, se ha visto envuelta por el fuego y ha quedado casi todo su cuerpo reducido a cenizas. El resto del inmueble no ha sufrido daños. Ninguna de las puertas de entrada han sido forzadas y no hay indicios de que la Señorita García hubiera recibido ninguna visita. Los bomberos han determinado que no hay sustancias acelerantes en toda la propiedad ni en la zona afectada por las llamas, por lo que no se ha podido determinar el origen de la combustión.

 

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