El agente

De Raúl Leiva, un refrito por la semana del tema libre.

Iba con mucha expectativa a la oficina del agente discográfico más importante de la zona. En la entrada me crucé con un hombre mayor que me chocó y me maldijo murmurando con odio varios monosílabos. La recepción estaba vacía. Una secretaria con aspecto vago y corriente alternaba la mirada entre el reloj de pared y la ventana como un viejo ventilador sin aspas.
“¡Rodríguez! ¡Pase!” sonó el grito del agente desde el interior de alguna puerta. Me paré y la secretaria solo se limitó a seguirme con sus ojos, en silencio. Cuando estaba por entrar a la oficina ella bajó su cabeza meneándola como diciendo “no”.
“Rodríguez….¿cómo le va? Sepa usted que si logró llegar hasta acá, es gracias a sus contactos. Cuento con su total discreción y sé que usted no me va a fallar. Siéntese hombre que ya cantamos el himno. El tiempo es oro y necesito saber si trajo el dinero acordado. ¿lo trajo no?”
Estaba por contestar cuando volvió a la carga “Usted sabrá que en este medio, saber nadar entre tiburones es la diferencia entre el éxito y ser devorado por el tiempo. Ustedes los artistas vienen por un sueño pero en el fondo son tan miserables como cualquier usurero. Al principio cantan, bailan, pintan y escriben con el alma, pero poco a poco se van pudriendo en esta rueda eterna de la ambición por llegar a algún lado. Son capaces de todo por un segundo de gloria.”
Estaba por pararme y salir de ahí corriendo , pero en el fondo el agente tenía razón. Alguien me garantizó que por diez mil dólares, me daba una canción escrita que se iba a volver un éxito. Tenía una suerte de sexto sentido para ello.
“Rodríguez, no es momento para ponerse orgulloso y digno. Si llegó hasta acá es porque usted es un gusano sin talento desesperado porque alguien le de una mano ¿Me equivoco? Sabe que no. Vamos abreviando que tengo un negocio que cerrar en cinco o diez minutos, y si a usted no le interesa lo que le propongo, le pido que no me haga perder más tiempo. ¿Trajo el dinero o no?”
Metí la mano en el saco y saqué un sobre color madera con el importe de una pequeña casa en las afueras, o un mini estudio de grabación.
El agente sacó una hoja de papel A4 de un cajón del escritorio.
Vista a trasluz tenía un breve escrito que no llegaba a veinte renglones. Diezmil dólares por un papel con veinte líneas. El cerebro se debatía y el agente sentenció: “A ver Rodriguez, no me gusta la gente que duda de mí, pero como me cae simpático o me hace acordar a mí en los comienzos, le voy a dar una muestra de fe. Por mil dólares, le dejo leer la mitad de la canción. ¿Le parece? Y me estoy arriesgando mucho.”
Mil dólares, si la primera mitad era genial le pagaba el resto y cerraba el trato y si no era tan genial, me las podría arreglar para completar el resto o usarla como base de algo. Así que saqué del sobre mil y se los puse en el escritorio. El agente los guardó y cortó desprolijamente la hoja en dos. Me dio la primer parte y el guardó la otra porción en el cajón del escritorio. Con mucha ansiedad di vuelta el papel y leí diez líneas sin sentido. No tenían una idea central, no aludían a nada, eran como palabras puestas al azar sin ningún sentido. La sangre se me fue a la cabeza y miré al agente con un odio irracional. Me había arrebatado mil dólares de la manera más fácil posible. En lugar de reirse, me miró serio y me preguntó “¿Y? ¿Qué le parece Rodríguez? ¿Tenemos un trato?”
“Usted es un hijo de mil putas ¿sabe? Y yo soy un pelotudo que se dejó cagar por una manga de estafadores. Esta mierda que tengo en la mano no vale ni diez centavos y usted me robó mil dólares. Empeñé hasta lo último que tenía, pedí un préstamo y todo para esta porquería. Le voy a mandar a la policía cínico de mierda. Lo voy a hacer bosta. Lo juro. “
Me estaba yendo con el corazón a punto de estallarme en el pecho cuando la voz del agente dijo: “¡Rodríguez! ¡Usted acaba de cruzar una linea que nadie nunca cruzó! Me amenazó, y eso le va a costar el anonimato para siempre, NUNCA va a triunfar, ni siquiera por asomo. Váyase ya y olvídese del asunto. Acá tiene sus mil dólares de mierda. Le van a hacer más falta a usted que a mí. “.
Junté el dinero mirándolo con odio pero con la sensación de haber salido sin perder nada más que tiempo.
Llegando a la puerta me dijo calmado “Seguramente usted se cruzó con un viejo a la salida del edificio. Se veía exactamente como usted hace un rato ¿me equivoco?”
Me detuve y tuve la sensación que iba a revelarme algo que se me había pasado por alto.
“A ese tipo, lo tuve como usted acá , en esta oficina, hace más o menos cinco años. Igual que usted, agarró la letra de la canción y la rompió en mil pedazos, pero a diferencia de su actitud cagona y maleducada saltó el escritorio y me agarró a golpes. Después tomó su dinero y salió por esa misma puerta. Lo iba a mandar a matar o algo peor, pero me dio asco gastar mi dinero y esfuerzo en torcer algo que nunca iba a resultar. Volví a armar la canción y entró un joven buscando fama. Me ayudó y más por lástima que por agradecimiento le regalé los papeles mal pegados. Miró la letra y cuando volvió a encontrar mis ojos, le dije – confiá pibe, parece una boludez pero va a andar, confiá. Y el joven salió para su casa. Le costó cuatro años decidirse a grabarla. Y no me equivoqué. La canción se llama -Despacito-“.
Se me aflojaron las rodillas. “¿Podemos hablar de nuevo? Le pido disculpas.”

“¡Tomátelas! ¡Andate antes que te haga cagar a tiros boludo!” gritó y empujándome violentamente me tiró lejos de su oficina para cerrarla para siempre.

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