DUENDES DE JARDIN

Colaboración de Sabina Juste González

Había una vez una chica cuyo nombre era Chloe que tenía unos ojos azules como el mar y un largo cabello negro como la noche. Vivía con su tía en una casa en el campo a las afueras de Londres.
Un día Chloe salió al patio a recoger algunas naranjas. Cuando estaba terminando se dio cuenta de que había caído algo del árbol, lo cogió. Era un trozo de papel arrugado. Tuvo curiosidad y decidió abrirlo, al principio no vio nada, más tarde se fijó en que tenía algo escrito. Lo leyó, en el trozo de papel ponía lo siguiente: Estimada Chloe, queríamos agradecerte el regalo que nos hiciste el otro día cuando te estabas comiendo ese delicioso bizcocho que había hecho tu tía y nos dejaste un trozo encima de la mesa, para agradecértelo nosotros te devolvemos el regalo, lo encontraras detrás la casa.
Los duendes de jardín.
Se le escapo alguna risita cuando se acordó de la regañina que le había echado su tía al dejarse olvidado un trozo de bizcocho y se acordó de que cuando había ido a recogerlo ya no estaba. Pero volvió a la realidad cuando un pájaro pasó volando tan cerca de ella que la rozó. Recordó que en la carta ponía que debía dirigirse a la parte trasera de la casa y así lo hizo. Cuando llego vio que había un cuaderno en el suelo lo cogió y vio que ponía: el diario de Chloe. A ella le pareció muy bonito, se lo quedo y dijo para sus adentros: Gracias duendes de jardín.

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