Ascuas

 

Cuando yo era niña, no había muchas cosas que existen ahora, LUZ SÍ, no soy tan vieja. También había Televisión, sin control remoto, sin Netflix, pero con programas que entonces nos parecían fantásticos. Era un brinco enorme entre el escuchar cuentos infantiles en el tocadiscos a ver medias horas de programas con moralejas. Un tener a toda la población hablando de lo mismo. Un sentido de pertenencia te embargaba por ver una caja diariamente.

Un día llovió montones, la lluvia era lo de menos, parecía que el cielo se caía y los relámpagos y truenos nos mantenían bastante espantados. La energía eléctrica se esfumó. Ahí estábamos, en la cocina, con las hornillas encendidas y un par de velas en el centro de la mesa. En ese entonces era sencillo encontrar algo con qué entretenerse. Esa vez se puso un tío a contarnos un cuento.

-Haré como Sherezada…. les voy a contar una parte del cuento y si se van a dormir temprano, mañana les cuento el final. Las voy a tener en ascuas chicas.

A mi padre le agradó que su cuñado, ese raro rebelde, alborotador, se ofreciera para entretener a los chicos, y como no tenía otra alternativa, se quedó también para escuchar el cuento.

– Érase una vez – Comenzó… imitando al cuentista de los discos – Una chica muy linda que vivía en un pueblo muy lindo. A ésta chica le había caído una maldición o algo, porque todo le venía mal desde que nació… su madre había muerto en el parto, su padre se había casado con una mala mujer y luego también se murió, dejando a la chica al cuidado de la madrastra, quien la hacía trabajar todos los días. Un día la chica conoce a un chico. El chico la había visto cada día que ella salía a la panadería a comprar el pan. Se había enamorado de su belleza y se presentó un día… le ayudó a llevar el pan. Hablaron de todo y la chica se enamoró de él. Pero como la madrastra no la dejaba tener novio, ellos tenían qué verse a escondidas… el chico la convence para que se fugara con él y quedaron de verse esa noche en la plaza…

Nos mandó a dormir con ese inicio de cuento en la cabeza… Como éramos 3 niñas compartiendo una habitación, nos quedamos platicando a oscuras…imaginando el desenlace de la historia. Cada una tenía una versión diferente… Mi hermana mayor decía que seguro el chico se llevaba a la chica y juntos formaban una familia y vivían por siempre felices… Mi hermana menor era un poco más sombría… ella decía que era como el cuento de la caperuza… y el chico era el lobo… que si la chica se iba algo malo le pasaría por desobediente… Yo no estaba muy segura…. también me molestaba, como a mi hermana menor, que el chico así, sin más quisiera llevársela sin ser un príncipe por ejemplo… yo pensaba que lo mejor era que la chica aguantara y se saliera de casa sola, cuando fuera mayor de edad…

Llegó la mañana, y aunque ya había luz, ni se nos ocurrió encender la televisión, para escuchar el desenlace de la historia. Mi tío se tomó su tiempo… se sirvió un café y alargó lo más posible la hora de la narración.

– Pues bien, nos quedamos en que se iban a ver en la plaza… Esa noche, la chica salió de su casa y fue a la cita. Ambos estaban ahí, se dieron un abrazo enorme y el la besó apasionadamente por vez primera. La chica no podía creer que por fin la suerte le sonriera… aunque realmente no era así. De no supieron dónde, salió la policía, detuvieron al chico y apareció la Madrastra para llevarse a la chica. Resultó que el chico, no tan chico, era un tipejo de 25 años y ella una menor de 15.

-¿Vieron?- Dijo triunfante mi hermana menor- ¡Yo SABÍA!

– Aún no termino la historia. La chica no entendía por qué a su chico lo habían detenido. Su Madrastra le explicó un montón de veces que no era legal lo que iban a hacer, que el chico no era malo, sólo estúpido. Que debían de esperar unos años para hacerse novios y luego pensar en vivir juntos. Mientras, ella siempre velaría por que no le faltase un techo y comida, como le había prometido a su padre pero que definitivamente, tenía que colaborar con las tareas de la casa, ya que su padre la había malacostumbrado a no hacer nada cuando se quedó huérfana… pensando que así equilibraba un poco la tragedia, y sin ver que estaba criando a una niña mimada que sufriría mucho cuando fuera grande y no tuviera a alguien que hiciera todo por ella.

– Pero… y al final… ¿Fue feliz?- preguntó mi hermana la mayor, que no le agradaba mucho equivocarse

-Depende… a veces sí y a veces no. Terminó junto con el chico, cuando tuvieron la edad para vivir juntos

-Cuando se CASARON- Interrumpió mi padre, que también estaba al pendiente del cuento.

-Y… casarse, vivir juntos, lo mismo da. No cuñado, no me mires así… tus hijas van a aprender alguna vez que si quieren casarse, tendrán luego que ver si se casan por civil o por la iglesia y por cual iglesia o bajo qué términos legales…. es paja…. lo importante es decidir con quien compartir la vida… lo demás… es lo de menos…

– Pues no señor, importante es casarse como Dios manda, faltaba más…. y hasta aquí llegó el cuento… hay qué lavar la loza y hacer la tareas…

Y fue así como mi padre nos dejó en ascuas por varios años, ya que jamás volvió a permitir que nuestro tío estuviera a solas con nosotras y mucho menos que nos contara algún cuento.

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Un comentario sobre “Ascuas

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  1. He vuelto con la firme intención de ponerme al día con los relatos. Ya me deleité con el primero, que en realidad es el último, pero como no puedo recordar en qué punto me quedé, voy a leer en sentido inverso hasta que mi lectura alcance a mi memoria 🙂

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