Cambiados

Un relato de Raúl Leiva

Todo comenzó cuando haciendo un análisis de ADN para corroborar una paternidad, dio negativo. La familia Verdún buscaba donantes de médula para su hija menor y se encontraron que los patrones genéticos de ambas hijas no se parecían en nada con ninguno de los padres. Era absolutamente imposible ésta hipótesis. Verificaron el funcionamiento de la máquina de última generación que se encontraba en la clínica privada de Ayacucho con varias parejas y no se encontraron coincidencias en los datos genéticos entre padres e hijos. La máquina, que fue verificada con muestras chequeadas internacionalmente, funcionaba a la perfección, así que la situación empezó a tomar estado público.
Decenas de padres e hijos comenzaron a investigar esta situación. Semana a semana iban descubriendo nuevos casos de ADN incoherentes. El desconcierto iba ganando terreno y padres e hijos se encontraban profundamente consternados ante la duda de quién era hijo de quién.
Clínicas y hospitales comenzaron a desempolvar expedientes de nacimientos entre los años 1982 y 1995 que es donde se registraron la mayor cantidad de casos denunciados. Ya con los datos en la mesa, la investigación empezó a cerrarse sobre tres clínicas por las cuales se registraron el 80% de los casos. La conclusión más tajante fue que intercambiaron bebés sistemáticamente durante esas fechas. Un montón de familias se encontraron de la noche a la mañana que sus hijos que habían criado, no eran los que habían engendrado. Nada tenía lógica ni razón.
Cruzando datos y buscando una respuesta bajo cada piedra, encontraron una punta del ovillo de donde empezar a entender lo que sucedía.
Una enfermera jubilada que se acercó en forma anónima aportó el dato que pondría la piel de gallina a los habitantes de Ayacucho.
La carta decía lo siguiente:

Comunidad de Ayacucho.
Durante el año 1980 se discutió en el parlamento la ley de adopción para las parejas homosexuales y personas solas. La ley fue sancionada y luego repudiada por todos los habitantes de Ayacucho por atentar contra la moral cristiana y las buenas costumbres. La iglesia utilizó toda su influencia para derogar dicha ley y todo volvió a cero para nunca más tratarse. Una de las compañeras enfermera estaba en tratativas de adopción y la derogación de dicha ley le provocó una crisis que derivó en su mas profunda depresión y el posterior e inevitable suicidio. Su pareja, quedó en la calle ya que no estaba aceptada la unión civil entre personas del mismo sexo y el departamento fue reclamado por los familiares de la muerta. Tanta fue la indignación que tomamos la determinación de cambiar todos los bebés que hubieran nacido el mismo día en tres clínicas de la zona. De esa manera nadie criaría a sus propios hijos concebidos y todos serían padres adoptivos sin desearlo. El pacto fue sostenido en silencio por quince enfermeras que guardaron silencio. Soy la última de ellas y no tiene sentido sostener este secreto. Dios me juzgará cuando llegue el momento.
No me arrepiento ni un momento de lo sucedido.
Pagarán el error con su sangre.

Nunca se encontró la autora de esta carta.
Las autoridades de Ayacucho destruyeron la carta y alteraron sistemáticamente cada resultado de ADN hasta “ordenar” los estados de la población.
Hoy todos viven en paz en Ayacucho.
Hay secretos que es preferible no develar.

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