La radio que se…

Un texto de Nico Bonder

Prendo la radio y me siento, prometiéndome concentrarme en el estudio. Miro las hojas, miro la ventana, miro las hojas, miro el reloj, miro las hojas, miro la pared, y así sigo alternando durante algunos minutos hasta que comprendo que difícilmente pueda cumplir con mi promesa. Así que decido cambiar el plan. Me paro para ir a prepararme un café que siempre es revitalizante.
Cuando estoy batiendo el café y sintiendo aquel aroma fuerte y dulzón, empiezo a notar que el volumen de la radio comienza a elevarse lenta y progresivamente. Camino hasta el aparato y bajo el volumen y noto que la frecuencia no es la misma que yo había dejado. Vuelvo a poner la que yo había elegido anteriormente y regreso a la cocina pensando que el aparato debe haberse descompuesto.
Sólo alcanzo a hacer unos pasos cuando comienzo a aturdirme con una música totalmente desconocida. Corro y desenchufo el artefacto. Lo dejo desconectado unos minutos y termino de preparar mi infusión. Una vez más lo enchufo y vuelvo a sentarme frente a las hojas, dándole la espalda a los parlantes.
Ahora el volumen desciende suavemente y la estación vuelve a cambiar y por unos segundos se escucha solamente la estática radial, cuando tomo el control remoto del equipo, en ese mismo lugar del dial se empieza a escuchar un locutor que susurra algo que no llego a escuchar desde donde estoy, así que intento subir el volumen pero el control no responde. No me queda otra alternativa que acercarme al aparato para poder escuchar lo que dice aquel misterioso locutor.

— No vuelvas a apagarme —dice el hombre.
No puedo imaginar a quien le habla, pero después de un largo silencio la voz insiste: “¿Entendiste Nicolás?”
— ¿Me hablás a mí? —respondo con temor en la voz y en todo el cuerpo, de repente noto lo solo que estoy.
— ¿Hay algún otro Nicolás en este departamento? No.
— ¿Quién sos? ¿Qué querés?
— Soy la radio. Y no quiero nada. Sólo estoy jugando con tu mente. Te estoy dando un buen argumento para uno de tus cuentos. ¿No te parece? Ya me imagino el título: “La radio que se volvió loca”.
— Mentira. Si sos la radio, no podés manejarte sola. Además nunca le pondría un nombre así a un cuento.
— Entonces decime vos quien soy.
— Sos…sos…
— Estoy esperando una respuesta.

Miro a mi alrededor, me dirijo a la ventana y miro si hay alguien en algún departamento cercano, pero era difícil que alguien pueda molestarme en un décimo piso. Sólo se me ocurre una respuesta.
— La radio.
— Exacto.
— Esto no puede ser real. Estudié demasiado, debo estar volviéndome loco o me dio un surmenage.
— Nada de eso es correc…

Nuevamente desenchufo el cable del aparato. Pienso en acostarme un rato y descansar el cerebro. Dejarlo enfriarse. Pero no duro mucho acostado, no puedo entender lo que acaba de ocurrir. Todavía estoy confundido y sin creer que eso fue real.
Voy otra vez hasta el comedor, agarro el cable del equipo, lo miro y dudo de volver a enchufarlo, pero me decido por hacerlo. Agarro el control y para mi sorpresa responde a mi orden. El aparato se enciende y está en el volumen y en el dial en el que yo había querido escucharlo cuando me senté al comienzo de la historia.
Vuelvo a sentarme frente a las hojas, y solo diez segundos después escucho una voz conocida que me dice en un susurro: “Te dije que no volvieras a apagarme. Lo que te va a matar, Nicolás, es el sonido del golpe”.
Lo último que escucho es un golpe seco contra la puerta.

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