Lado B Una historia de amor

De Raúl Leiva

Fernando Fontanarrosa fue hijo único de Susana, cuyo padre se fugó para siempre a comprar un pasaje al olvido. Con los años Susana se casó con Domingo y tuvieron un hijo fruto del amor.
Los celos de Fernando no tardaron en llegar. La rivalidad los acompañó año tras año durante toda la adolescencia dividiendo amigos, lugares, pasiones y hasta el amor de los mismísimos padres. Lo único que los unía era el amor por la doncella Felipa quien al no poder decidir entre ambos hermanos , se internó en un Monasterio por muchos años. Esta decisión afectó profundamente a Fernando quien se propuso eliminar a su hermano para siempre. Debía tramar algo que no dejara ningún rastro ni lo vinculara en lo más mínimo, ya que de ello dependería la fortuna de desposar a Felipa.
Comenzó a urdir tremendas parafernalias para ensuciar a su hermano, pero la imagen intachable de éste no solo echaba por tierra sus planes sino que también la gente comenzaba a preocuparle la conducta de Fernando.
La sutileza debería ganarle a la pasión, así que acudió a sus amigos adinerados y a los actores de los pueblos vecinos para montar un increíble número. Primero había que sembrar la duda, una carta de puño y letra que dejaba al hermano de Fernando como un mujeriego intratable que se iba a marchar para siempre, le iba a llegar a las manos de Felipa.
Los actores le iban a armar una asamblea ficticia en la que tentarían al hermano para una empresa que no iba a poder rechazar, un viaje a lo desconocido. Los amigos adinerados le facilitaron unas naves mal habidas y en estado deplorable para el viaje. El resto de la tripulación , eran actores de segunda que fueron engañados para hacer una supuesta gira a Portugal. Dado el carácter nato de navegante, la propuesta se cerró sin ultimar casi detalles.
Horas después de la partida, apareció en el puerto Felipa con el corazón en un puño. Fernando la atajó y ella solo gritaba “¡Mi marido!¿Dónde está mi marido?”. Ante el desconcierto, ella aclaró a los gritos que se habían casado en secreto hacía dos años, que tenía dos hijos y se enteró de casualidad de la partida de su esposo. Al reclamarle explicaciones a su cuñado, este trastabilló varias veces con su relato y casi puso en evidencia el engaño. Llevó a la inconsolable mujer a su casa y en un vano intento por ganar su amor, le contó la verdad atrás de los hechos y motivados por su amor. Lejos de caer en sus brazos, Felipa lo empujó violentamente y al tratar de ganar la calle para buscar quien la lleve dónde su marido, Fernando le arrojó una pesada pieza de madera que terminó por matar a su cuñada. Preso de la desesperación , escondió el cadáver en los fondos del Monasterio de todos los Santos. Fernando huyó para siempre. La muerte de Felipa Moniz, nunca fue esclarecida.
Su hermano Cristóbal, luego de siete meses donde todos lo daban por muerto, regresó a España. Enterado de los acontecimientos , tomó estado y se presentó a la verdadera Corte Real. Desahuciado y sin más motivo que sus hijos para permanecer en tierra se dedicó a viajar lejos de esa espantosa comarca de engaños. La reina Isabel se encargó que nunca le falte nada ni a Cristóbal ni a sus hijos.
Corría el siglo XV.
Ya no quedaba nada por descubrir.

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