Evolución

De Raúl Leiva

Le voy a pasar a explicar.
Desde chico el olor a cuero vacuno formó parte de mi vida. Mi viejo solía llevarme a una curtiembre donde tenía un cliente amigo de la carpintería, y yo me la pasaba jugando con recortes de cuero que iban a ser desechados.
Con el tiempo, descubrí las piernas de mi maestra de literatura, la señorita Viviana que cruzaba bajo el escritorio sus dos largas extremidades para el deleite de los que nos sentábamos adelante. Pero todo confluía cuando llegaba el invierno y se adivinaba venir a la seño Viviana con sus botas altas. No sé qué tenían pero no podía dejar de mirarlas.
Una vez, nos explicó un tema nuevo y cuando todos estábamos tomando nota y haciendo una composición, Viviana se sentó frente a mí de forma que una de sus largas botas pasó entre mis piernas. Por debajo del pupitre yo veía como la bota subía y bajaba rítmicamente y tuve una erección. Mi cabeza se pobló de dudas entonces. ¿Por qué me excitaba esa imagen de la bota tan cerca de mi entrepierna? ¿Sería una mezcla de adrenalina y miedo a ser tocado allí por la punta del pie de la seño Viviana?¿Dónde antes había pasado por algo similar?
La respuesta vino un día que vi a mi tía Daniela. Cuando yo era niño y tenía algo de 3 o 4 años, recuerdo vagamente como ella me dejaba montar en su pie. La acción era simple, ella se cruzaba de piernas , yo me subía como un caballito a su pierna y ella me tomaba las manos y me subía y bajaba simulando un galope. La sensación de la caricia del empeine contra mi sexo debe haber quedado como una huella imborrable en el subconsciente y afloró en mi adolescencia.
El fetiche por el pie fue creciendo con los años. Me sentía único y singular. Mientras los otros chicos miraban tetas y culos, yo me detenía en las venas que adornan los empeines y las botas altas. Era una obsesión.
Con el correr del tiempo, decidí pasar de la imaginación a los hechos. A cada novia les proponía esta alternativa al sexo y me miraban como a un enfermo. Entonces fue que decidí buscar entre las prostitutas alguna que realice esta práctica tan común en el cine y tan difícil en la vida ordinaria. Era más fácil y más barato que me hagan sexo oral a que me acaricien el sexo con sus botas. Me miraban igual de raro que mis ex novias y encima cobraban por ello.
Con el tiempo encontré una “dominatrix”. Así se hacía llamar. Al fetiche le llamaba footsie y lo hacía de maravillas. Nunca me cuestionó nada y se sometía a todos mis caprichos. Una tarde, estaba en plena práctica, y al momento de eyacular dejó de acariciarme el sexo para darme una suave patada en los testículos. Me extremeció todo el cuerpo. Pensé que iba a explotarme el pecho. “¿Te dolió?” me preguntó. Nada más lejos de eso. Me sorprendió y creo que eso fue algo excitante. Descubrí que era devoto de una rama del “ballbusting” según me contó la dominatrix.
Obviamente las únicas posibilidades de tener estas prácticas era pagando y los ingresos ya se me estaban esfumando.
Con la llegada de internet, vi que mucha gente tiene estos fetiches.
Ya no me siento único y mucho menos singular.
Una noche cualquiera, mirando una película cualquiera, vi al protagonista masculino recorrer la pierna de una chica y se detuvo en su pie. Hasta acá todo era conocido. Lo que fue nuevo para mí, y una verdadera revelación, fue que el protagonista, en lugar de llevarse el pie de la chica al sexo, se puso a lamerlo, y a la chica le gustaba. Y a mis 40 años descubrí el foot licking, una práctica muy común en los juegos previos. Pero lo que me llamó poderosamente la atención fue la semejanza de tamaño entre el dedo gordo del pie y el dedo contiguo de la chica. Eran idénticos. Mi cabeza había llegado la cumbre del placer. Debía hallar a la mujer de los dedos idénticos, esa es mi meta ahora. Sea quien sea, si los tiene y accede a que les de una lamida, voy a encontrar el placer máximo.
A mis 57 años, en la plenitud de mi ser, y a a punto de retirarme de mi cargo como director de escuelas primarias, aún sigo veraneando en cuanta playa pueda buscando la chica de los dedos idénticos. Trato de ser discreto pero a veces el deseo me puede y soy sorprendido en plena cacería. Muchas me han insultado y unas pocas me han devuelto una sonrisa, pero sus dedos eran corrientes. ¡Qué lástima!
De eso se trata la evolución.
¿No es cierto doctora?
¿Eh? ¿Adónde se fue?
¡Doctora!

 

20171004

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

w

Conectando a %s

Crea un sitio web o blog en WordPress.com

Subir ↑

A %d blogueros les gusta esto: