Fetiches

Por Despeinada

Estaba nervioso. El rector le había mandado llamar y no sabía para qué. Levaba apenas un semestre en la Universidad, apenas se había hecho a la idea de que por fin se había librado de las tías y ahora le hablaban sin motivo… ¿Y si lo expulsaban?

Al ser huérfano de padre y madre de un solo accidente de coche, las tres tías solteras se hicieron cargo de él. Si al menos no hubiera sido hijo único… pero el hubiera no existe y había que apechugar.

Desde que tenía uso de razón, las tías lo bañaban y le tocaban sus partes, ridicudizándoselas

-Mira el pichirringuín, mira que cosito tan bonito. Uy mira como se hace grande y chiquito.

Creció en un ambiente donde la influencia varonil o conocimientos del cuerpo masculino eran nulos. Las tías eran solteras de la vieja época, es decir, vírgenes y orgullosas de serlo. Cuando llegaba a verse un desnudo parcial en la televisión, se soltaban como gallinas a reírse nerviosas. El tema sexo era algo incómodo para ambos bandos. Y cuando llegó la adolescencia y lo encontraron en la autoexploración, pusieron el grito en el cielo.

– Te vas a quedar ciego!-Te van a salir pelos en la mano!-Jamás podrás tener hijos!

Una de ellas propuso que cada noche se turnaran para dormir con él, así lo mantendrían vigilado, pero no funcionaba porque se dormían de inmediato y profundamente, así que otra propuso amarrarle las manos para que no pudiera pecar a escondidas. Lo amarraban a la cabecera de la cama. La primera vez él les gritó a la media noche porque le urgía mear. La tía que lo escuchó estaba bastante modorra y no atinaba a desamarrarlo. Le sacó el miembro, lo insertó en un bote de leche y como si la vaca de la marca le diera la idea, comenzó a masajearle el pito como ordeñándoselo. Y a partir de ahí, el bote de leche era parte del ritual nocturno.

Fue una castración mental de magnitudes desproporcionadas. Tuvo la fortuna de ser sobresaliente en la escuela y ganar una beca para estudiar en una ciudad grande, y, lo más importante, lejos de las tías.

Llegó a la ciudad, se acondicionó y todo iba bien, hasta que recibió el email del rector.

-Lo espero a las 4 en mi oficina. Sea puntual. Repórtese con Sonia.

Sonia era la asistente del rector. Una señora bastante invisible si pasabas por un lado de ella. No se hacía notar en nada, pero estaba claro que ella sí observaba a todos. Estaba esperando que el rector lo atendiera, eran las 4 y media y aún no le hacía pasar. Sonia lo vio ensimismado en sus pensamientos y le sacó plática.

-Este rector a veces se olvida de las citas. ¿No quieres que le vaya a recordar que estás aquí?

-No, no. No sé para qué me llamó, así que es mejor no hacerlo enojar.

-Bueno, está bien, pero al menos platícame algo, así se te pasa el tiempo más de prisa… de dónde eres?

Y así le sacó la biografía completa. Se abrió completamente y le contó todo, hasta sus sueños y pesadillas.

-Me caes bien chiquillo, por qué no me dejas presentarte a un grupo de chicos que seguro te aceptarán enseguida, justo hoy tenemos una reunión. Se juntan en mi casa porque me hago de la vista gorda y los dejo tomar alcohol, pero lo cuido como si fueran mis hijos.

Aceptó y, después de que el rector llamara para decir que no iba a poder verlo ese día, se fueron a casa de ella.

-Ponte cómodo, en cualquier momento deberán de llegar. No te ofrezco vino porque no quiero que se te suba a la cabeza, pero una cerveza seguro la aguantas.

El aceptó porque se sentía provinciano, pueblerino. Ella lo hacía sentir cómodo. Le enseñó un juego para que la espera no se hiciera larga, consistía en vaciar una cerveza en un plato y ver quien la terminaba más rápido con una pajilla. Se sintió mareado muy pronto, pero no dijo nada, avergonzado de embriagarse con apenas 2 cervezas. De repente se le figuró ver a Sonia en tacones, medias, ligueros y sostén… nada más. La sorpresa lo iluminó. Entendió todo de golpe, las falsas esperas y que estaba siendo seducido.

-Sonia, yo … no… yo nunca…

-Hablarás después… por ahora shhhh. – Lo llevó de la mano al dormitorio y lo esposó.

-El tenía todas la sensaciones revueltas. Erecto pero confundido, Avergonzado pero expectante. Un remolino de pensamientos le confundían y lo aturdían mucho más que la cerveza a presión. Sonia no habló nada. Tocó, besó, lengüeteó, delineó, arañó y sopló todas y cada una de sus partes expuestas. Hizo con él lo que quiso y consiguió que él quisiera todo lo que hizo.

Se convirtió en su esclavo. No pensaba más que en ella y en los momentos que tenían juntos. Ella siempre lo esposaba y él lo prefería. Estaba a su merced. A veces lo embadurnaba con miel, otras veces lo acariciaba con plumas. Le arrancaba gritos de placer y éxtasis. Visto en retrospectiva, fue la mejor época de su vida. Pero no todo dura para siempre. Un día Sonia lo citó en un café.

-Hasta aquí llegamos chiquillo. Ahora sí te voy a presentar con un grupo que frecuento. Somos todos algo raros en el tema sexual. A mi me provoca desvirgar muchachos. Ya no me causa placer tu placer. Sin embargo, noté que nunca quisiste desesposarte… quizás también tengas una rareza. Nos reunimos en fiestas y llevamos gente nueva, sin embargo, somos muy discretos y nadie menciona la particularidad de nadie. Si te animas ahí te veré…pero ya no entras más a mi casa.

Acudió a la fiesta esperanzado de encontrar a una Sonia que le gustara la gente experimentada… y se topó con una variedad infinita de entes. Cada cita era un desafío en sí, porque entre el miedo, la adrenalina y el placer de descubrir la rareza, se sometió a gente que golpeaba, que pinchaba, que quemaba o que electrocutaba. Termino casándose con Irma, que era bella y no le importaba que él no la tocara, siempre y cuando él se dejara depilar en la cama. Cosas del Acomoditismo.

 

20171008

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