El sobreviviente

De Raúl Leiva

Con el motivo del 50 aniversario del fin del holocausto, un canal de televisión y una radio local decidieron hacer una cobertura especial en un conocido teatro del sur de Neuquén. Para ello habían recolectado historias y documentos que presentaron junto con filmaciones de la época. El evento, sin dudas iba a ser el más importante de la región y se esperaban cerca de 2000 invitados de los alrededores. Se organizaron canciones típicas y una feria de platos temática. Todo marchaba viento en popa, hasta que apareció el sonidista con una bomba: su abuelo conocía un sobreviviente del holocausto. Fue lo único que acaparó la atención y los esfuerzos durante la semana previa a la cobertura. No fue fácil dar con el paradero del sobreviviente. Era un anciano que vivía alejado de la sociedad en una pequeña cabaña, probablemente con miedo del ruido urbano. Llegaron hasta la casa y con una amable sonrisa de 90 años Martin Bergman los atendió y con la ayuda de un intérprete lograron convencerlo de participar de los acontecimientos. Martin solo hablaba en alemán y dio a entender que se vio forzado a hacerlo dada las circunstancias.
Se tomaron muchos recaudos para hacer posible el testimonio de Martin en televisión. Sacaron algunas de las fotos de los campos de concentración ya que podrían llegar a perturbarlo. Se eligieron cuidadosamente las preguntas y cuidaron de la sensibilidad del anciano en extremo.
Llegado el día, se tocó solo música clásica como signo de neutralidad y los asistentes llevaron pacientemente a Martin al sillón donde iba a ser brevemente entrevistado. Esta transmisión, iba a salir en vivo por varios canales del país ya que era un hecho inédito.
La entrevista solo constó de una sola frase: ¿Cómo recuerda esos días don Martin?

“Fueron años muy tristes. Había horror en el aire. Todo se poblaba de gritos sin sentido. Cuando uno se despertaba la esperanza de un nuevo día se nublaba. Mis amigos y hermanos sufrieron mucho. Es terrible el dolor, pero creo que hay que saber perdonar y entender. El pueblo Alemán tenía una manera de ver las cosas, tal vez no fue la correcta pero si rescatamos lo bueno, creo que ningún sacrificio es en vano. Todo en esta vida ayuda a crecer y a ser quien uno es. Hay batallas por dar siempre y en todo lugar, pero la paz de sentir que podemos hacer de este mundo un mundo mejor no tiene límites. Si vemos al adversario como un enemigo y no como un ser humano, ahí dejamos de ser personas. Perdón y comprensión para los que no piensan como nosotros y saber ponernos en su lugar, es el legado más grande que tengo de aquellos años”

Diciendo esto, Martin se levantó entre un montón de aplausos y con paso lento se fue caminando entre los asistentes que desbordaban de emoción ante el discurso desprovisto de rencores y rico en la esperanza que un mundo distinto comenzaba en ese instante. Se subió al auto que lo llevó de regreso a su casa ya que no estaba acostumbrado a estos trajines.

“¿Cómo supo tu abuelo que este hombre era un sobreviviente del holocausto?” le preguntaron al sonidista del evento. “Una vez, mi abuelo fue a llevarle kerosene a un viejo hermitaño chileno y lo agarró la noche y se perdió. Manejó como pudo hasta que dió con la casa del viejo Martin. No hablaban una palabra en común, pero se hicieron entender y el viejo le dio comida y abrigo hasta que pasara la fría noche. Cuando amaneció, se despidió y se fue.” comentó el sonidista.

“Está bien, pero ¿cómo se dio cuenta que el viejo Martin era un sobreviviente del holocausto?” insistieron.
“Según mi abuelo, había unas fotos arriba del hogar donde el viejo Martin estaba con un uniforme gris y decía en un rincón -für mein treuer Freund Martin Bormann – Berlin 1939-, algo así como Para mi fiel amigo Martin o algo así, Berlín 1939“
“¡Boludo! ¿Vos no dijiste Martin Bergman“
“No, bah, no me acuerdo. Bergman Bormann es lo mismo, es un sobreviviente ¿o no?“ se molestó el sonidista.
“¡No! ¡No es lo mismo! ¡Martin Bormann era el segundo de Hitler, idiota! Llevamos a uno de los Nazis más buscados de la historia a un aniversario del holocausto! ¡Si lo ven los Judíos a esto nos van a cortar las pelotas en julianas a todos! ¡Ya hay que parar todo lo que se transmitió y ojalá nadie lo haya reconocido!“
Y todos corrieron a tratar de desarmar todo de la manera más discreta posible, borrando todo y rogando que nadie se haya avivado.

“¡Qué tanto lío! Pidieron un sobreviviente y les traje uno, y así me lo agradecen….¿por qué no aclararon antes de que lado era el sobreviviente que querían…? Ni las gracias me dieron.“ murmuraba el sonidista mientras desarmaba la consola ya que a la noche tenía un cumpleaños de 15 y al fin y al cabo eso era plata segura.

20171012

 

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