Quince primaveras

En la semana del aniversario, Macarena nos regala un texto.

Quince primaveras tienes que cumplir, quince flores nuevas que te harán feliz… rezaba la canción más popular en los cumpleaños de las adolescentes uruguayas. Sonaban los primeros acordes y entraba ella al salón, envuelta como para regalo en un vestido como de muñeca de plástico. Si tenía rulos, con el pelo lacio; y si tenía el pelo lacio, con rabiosos bucles y toneladas de fijador para el cabello. Otras veces la canción sonaba casi al final, a la hora de cortar la torta de varios pisos de altura, rodeada de tíos en curda, los bucles ya en su último aliento de peluquería.

Yo siempre la miré de afuera. Para mí eso de festejar el cumpleaños de quince era cosa de patriarcado, aunque todavía no se había puesto de moda esa palabra. Me había criado entre minas y sin embargo, no me pregunten por qué, lloraba en sincro con el padre de turno, que a veces era el padre y otras no, pero el varón que entraba del brazo de la chiquilina siempre lloraba, eso era una fija.

Quizás por eso, mucho en broma y muy poco en serio, digo que voy a festejar mis quince primaveras, porque tampoco me casé (anti sistémica y coherente, tengo todos los defectos), pero el seis de noviembre del presente voy a cumplir 15 años al lado de un varón con el que nunca entré del brazo a ningún salón, y sin embargo acá está, estoico, aguantando a la mina que lloraba en los cumpleaños de quince ajenos.

Hay gente para todo.

Y así fue que tuvimos hijos naturales, sin colorantes ni conservantes, uno no planificado y otro sí, porque tampoco vamos a caer en el lugar común de decir que no planificamos nada.

En los últimos años vi como sacaban la libreta de conducir los niños de la familia a la que me acoplé. Es duro cuando te das cuenta de que pasa el tiempo y vos seguís aspirando las mismas feromonas cada noche, como un adicto, un enfermo crónico que no puede vivir o vive mal si no se toma su dosis, su homeopatía de afecto debidamente administrada.

No se asusten, no estamos pasando por una crisis. Sobre todo porque la vida es crisis y la aceptación es el puesto de hidratación en la carrera del cambio. Hubo años que nos pasaron por arriba y otros que supimos saltar con elegancia de atleta. Pero acá estamos. Suena mediocre, lo sé, pero no es poca cosa.

A veces las expectativas nos juegan una mala pasada. Lo importante es permanecer enamorado de la historia más allá de los puntos que se nos saltaron del tejido. Se puede arrancar de nuevo, deshilacharse todo, pero jamás volverá a ser lo mismo.

Habrá quienes tuvieron un amor y ya no está, otros a los que les tocó sufrir un mal vínculo y hoy buscan nuevos horizontes sentimentales; y unos cuantos que piensan que esta coreografía vital de la monogamia es un cuento pasado de moda. Sepan que todos están en lo cierto, siempre y cuando estén viviendo la vida que quieren.

Por eso a través de este entreverado texto, como la vida misma, quiero celebrar los aniversarios en general, el del blog y el mío en particular, la autocomplacencia que nos brindan las convenciones espacio temporales, como quien se clava una pizza por metro y puede decir, acariciando el abdomen “me he comido un metro de pizza y estuvo buenísima”.

Nosotros hemos permanecido, mi pareja y yo, quince años juntos porque así lo hemos querido. Ni la Iglesia ni el Estado han metido la nariz en este asunto. Bueno, un poco sí el Estado cuando anotamos a nuestras hijas, pero las hemos dividido en partes iguales, que conste.

Con la falta de solemnidad que nos confiere todo el trayecto recorrido, me gusta decirle cuando discutimos (sí, discutimos) “ahí está la puerta”, no como una amenaza sino como una prueba de que las puertas abren para ambos lados, sirven para entrar y para salir. Y si decidimos estar del lado de adentro de un espacio que no tiene llaves ni ataduras, es porque algo interesante habrá en el recinto de nuestro vínculo, llamémosle amor, que nos mantiene unidos bajo un mismo techo.

Felices quince años juntos. Y que sean muchos más, un día tras otro ¿Hasta que la muerte nos separe?¡Que va! Mientras la vida nos una

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